LAS JUDÍAS COMO LEGUMBRE. ¿ Y LOS JUDÍOS?

           Cuando gastronómicamente hablamos de judías, nos estamos refiriendo a la legumbre seca o alubia, con los diversos nombres que recibe en el mundo hispanohablante: “frejol, fríjol, habichuela, caraota, poroto, judía” y alguno más que seguro me dejo en el tintero. Siendo uno de los alimentos, que el hombre ha conocido desde los tiempos más remotos, formando parte importantísima de la dieta humana, ojo, en Europa no tan remotos, concretamente desde el descubrimiento de América. Con ella llegan a España y a través de ella, al resto del mundo, junto con nuevos productos alimenticios, como los tomates, pimientos, el cacao, maíz, la patata, el subterráneo tubérculo, que años más tarde iban a quitar el hambre a Europa y junto con ellos las legumbres, así como una forma de cocinar, conocida como el “potaje”, hijo del agua y de la hoya.

        Desde entonces, la legumbre nativa concretamente de México, en donde se cultiva desde hace algo más de 7.000 años, con sus numerosas variedades, a día de hoy se conocen más de 200, con formas y colores diferentes, cultivándose en la actualidad en todo el mundo para el consumo, tanto de sus vainas verdes, como de sus semillas frescas o secas. En España en general se les conoce con el nombre de “alubias”, el origen de esta palabra, no está muy claro, posiblemente venga del árabe al-lubiya, también se les conoce por “judías”, ¿la proveniencia de este nombre?, es incierto. Nos queda la incertidumbre del porqué llamarse así y cuál es el origen de la palabra.

         La legumbres secas o alubias, comenzaron a llamarse “judías”, sin saberse a ciencia cierta qué vinculación tuvieron los judíos con esta legumbre. Sebastián de Cobarrubias, en su libro “Tesoro de la lengua Castellana o española” (1611) refleja en uno de sus comentarios estrambóticos: “las alubias merecieron tal nombre, porque al hervir, botaban en la olla de igual modo que lo hacían los judíos al ser sumergidos en aceite hirviendo”. La cita, en verdad no es nada acertada, primero porque las alubias cuecen con mucha suavidad y segundo porque no se conoce ningún dato en el que durante la inquisición o en otras circunstancias, se sumergiese a ningún judío en aceite hirviendo. Existen otras muchas versiones sobre su origen, a cual más disparate. Así Colominas en su diccionario etimológico, apunta estas dos posibilidades: “El origen del nombre puede ser la similitud entre sus vainas y el aspecto del paño con el que, de manera peyorativa y distintiva, estaban obligados a cubrirse la cabeza los judíos durante la Edad Media”. La otra hipótesis se basa en: “el símil culinario sobre la rapidez con que las judías emergen del agua al cocerse (a diferencia de los garbanzos que se mantienen en el fondo, se corresponde con lo que hacían los hebreos cuando se les intentaba bautizar a la fuerza, que rápidamente sacaban la cabeza de la pila de agua bendita”. Aun llegan más lejos si caben otras versiones, que dicen que: “quizás se les llamo judías o habas judías, por burlesca alusión a su semejanza con el grande despejado de los circuncisos judíos”. La verdad es que yo personalmente, veo unas opiniones, diría que impresentables, pero la historia hay que escribirla para conocerla.

            Después de estas anecdóticas versiones nada esclarecedoras, nos seguirá quedando la duda de su vinculación y el porqué de este nombre. Lo que sí está claro y a diferencia de los tiempos actuales, las judías acompañadas del inseparable chorizo, fueron uno de los platos nacionales por excelencia y no las comían los judíos al menos por esto lares, primeros porque los judíos fueron expulsados de España el mismo año del descubrimiento de América, y segundo porque tenían prohibido comer carne de cerdo (chorizo).  Años más tarde del descubrimiento, su popularidad creció en España, hasta el punto de ser el plato tradicional de la noche, plato nocturno como las lechuzas, se comía para cenar al igual que las patatas, las sopas en general y de manera especial la sopa de ajos.

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