
Cuando nos sentamos ante mesa y mantel, junto a un humeante plato de nuestra cocina tradicional, consideramos, generalmente, que lo que tenemos ante nuestra vista, ha convivido con nosotros desde tiempo inmemorial, y que es un producto nuestro de siempre, de nuestra huerta, llegando incluso a creer que este es su verdadero origen.
Si nos ponemos a pensar y a meditar, veremos con sorpresa que la mayoría de ellos, que los ingredientes principales para confeccionar nuestros platos tan tradicionales, provienen de lejos. El descubrimiento de América, tiene una importantísima relación con la alimentación, al estar estrechamente relacionado con la obtención de nuevas especies. Que no vamos a decir de productos tan consagrados en nuestra cocina como los pimientos. Cuando Cristóbal Colón, probó el “ají”, así llamaban al pimiento, y lo encontró picante, dio un salto de alegría, creyendo haber dado con una pimienta especial, que es lo que estaba buscando. Lo mismo podríamos decir de los “chiles” americanos recibieron el nombre de pimiento por derivación de pimienta. Continuamos nuestro recorrido con las judías o alubias, el tomate, la patata o el chocolate producto del cacao, el tabaco, el maíz, sin olvidarnos de algo tan navideño como el pavo, especie que aún vive en los bosques de América del Norte y que los conquistadores españoles en el año 1498 de regreso a Europa llevaron consigo, y otros muchos más productos que no tuvieron una gran influencia en un principio, pero que paulatinamente se fueron introduciendo como, la vainilla, la quinina, el cacahuete, la piña, la chirimoya, el aguacate, el mango, el fresón, (la fresa pequeña ya existía en nuestras tierras). También, cuentan, no sé si las malas lenguas, pero la historia debe ser contada (otra cosa es, creída), que los conquistadores españoles, al parecer, tan insaciables en lo que al sexo se refiere, que no contentos con tener relaciones con las indias, las tenían con las llamas (animal doméstico del Imperio inca), de donde vino la “SIFILIS”, bueno, corramos un tupido velo.
El cambio experimentado en la alimentación con la llegada de estos nuevos productos de ultramar, de donde deriva la palabra “ULTRAMARINOS”, tan al uso hasta no hace muchos años, para definir a la tienda o establecimiento de comestibles o alimentación, significará una considerable evolución en los hábitos gastronómicos a partir de finales de la Edad Media. La cocina experimentará una reafirmación de sus principios, y un significativo enriquecimiento de la gastronomía.
Para no herir susceptibilidades, también tenemos que reconocer que el Nuevo Mundo salió enriquecido con este encuentro y recibió muy importantes aportaciones de este lado del Atlántico, que eran hasta entonces la base de nuestra alimentación y que sigue siéndola: el trigo, la vid, el arroz, el café, los cítricos, el plátano, el mango… Y entre los animales, dos muy importantes, importantísimos, el cerdo y el caballo.
