CONOCER DE VERDAD, LA FRESCURA DE UN HUEVO (el embrión de un ave). PERO, DE VERDAD

       Los huevos se deben consumir siempre, frescos. Por razones de higiene alimentaria y muy importante, por su sabor, imprescindible, que sean muy frescos.

      ¿Y cómo podemos conocer realmente la frescura de un huevo? En primer lugar, por su peso. Un huevo recién puesto y de tamaño medio pesa unos 60 gr. En segundo lugar, el huevo, dispone de una cámara de aire en la parte redondeada de la cascara la cual es imperceptible, y va incrementando su volumen visual cada día que pasa. En tercer lugar, cuando agitamos un huevo muy fresco, cerca del oído, no produce ningún ruido, por el contrario, si ya no lo es (fresco), el oído percibe pequeños y ligeros chasquidos que provienen de su interior. Cuarta formula para conocer su frescura. Si echamos en agua un huevo recién puesto, se ira al fondo, y en cambio, un huevo de diez días flotará.

        Una vez conocida su frescura, conozcamos la forma mas habitual de prepararlos, osease, fritos.

        ¡Consumir el embrión de un ave!, solamente se puede superar, con la belleza estética que para la cocina aporta el huevo frito, con su esmalte amarillo oro, enmarcado en blanca porcelana. Si cerramos los ojos y pensamos un poco, el techo de la Capilla Sixtina, se podría decorar con cientos de huevos fritos bien alineados, ¿Por qué no? Y es que, además, del huevo, aparte de la cascara, qué queda en la cocina, ¿qué no se come?

        La condimentación o confección de unos huevos fritos, es universalmente conocida y está al alcance de todos los ciudadanos. Un par de huevos los fríe lo mismo la blasonada dama, que el inteligente juez, que el ilustre doctor, que el aguador, que el mozo de cuadra, etc., etc., etc. Pero ¡ojo!, la capacidad de un buen cocinero se mide por cocinar un huevo frito, de ahí, la expresión mas descalificadora: “no sabe hacer ni un huevo frito”.

       Pero, ¡ojo otra vez!, los huevos frito, siempre de dos en dos, y ¿por qué? Es como la especie humana y animal, en donde el macho, siempre tiene dos huevos, o testículos. De ahí las famosas expresiones: Hay que tener pelendengues o, gano el partido porque le puso dos cojones o dos huevos. Siempre en plural.

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