A VER SI ME ACLARO. LUPANARES, HOSTELERÍAS, FONDAS, CAFÉS, RESTAURANTES, POSADA, PARADOR, MESÓN Y VENTA

Fresco con escena erótica del lupanar de Pompeya. Foto: Carmen del Puerto.

         Comenzaré por los conocidos como lupanares, que es como llamaban por entonces a los burdeles o casa de citas. El término lupanar deriva de la voz latina “lupa”, que significa loba. Hoy en día, en algunos sitios, aún se conoce coloquialmente como “lobas” a quienes se dedican a estos menesteres. “El oficio más antiguo del mundo”, se ejercía en las ciudades y colonias de la antigua Roma en el s. VII, en los llamados lupanares y de una manera muy especial, en el famoso lupanar de Pompeya, utilizado para un tipo de prostitutas nocturnas que atraían a sus clientes con aullidos en parques y jardines, era un edificio con 10 habitaciones o cubículos, en cuyas paredes encima de las puertas, había pintadas diferentes escenas eróticas, quizás indicando la especialidad de cada cuarto.
         En lo que concierne a España, Valencia se llevó la palma. Fue en aquellos años en los que ganada la capital al islam y ocupada por los cristianos, las prostitutas se instalaron en Valencia. Jaime II en el año 1321 prohibió a las “mujeres públicas” ejercer su profesión en las calles de Valencia y creó un gigantesco prostíbulo que a la postre, se convirtió en el más grande y popular de Europa. Este colosal burdel medieval, atrajo a miles de viajeros a España durante tres siglos, (una buena parte extranjeros) dejando por escrito la buena impresión que les causaron sus meretrices (la palabra meretriz se utilizaba en la antigua Roma, para definir y señalar a aquellas mujeres que utilizaban su cuerpo como un objeto sexual)
 
           Y como monarca faldero por excelencia (nunca mejor dicho) el rey de España Fernando VII (1748-1833) asiduo cliente de los LUPANARES o burdeles, el cual se escapaba de palacio con mucha frecuencia a casa de Pepa la Malagueña, acompañado de su mayordomo Alagón y de su ayuda de cámara Chamorro que había sido aguador en Madrid. Le gustaba hacer apuestas a ver quién era capaz de yacer más veces con una mujer, para acto seguido beberse de un solo trago sin respirar una tinaja de vino. Está claro que sus acompañantes se lo ponían fácil y se dejaban ganar, lo mismo que le colocaban las bolas de billar para que el monarca hiciera carambolas una tras otra. De ahí vino el dicho popular “Así se las ponían a Fernando VII” (A la mesa con los reyes de España. M.ª Emilia González Sevilla. Madrid 1998).
          Desde el segundo milenio, tenemos constancia de la existencia de las “tabernas” (llamadas así porque estaban construidas de tablas o estanterías    –tabulae– de donde derivo la palabra despectiva –contubernio-), y de las “popinas”, en la Roma Imperial lugares de encuentro, de reunión, donde poder comer, beber, y …, aunque considerados como no de muy buena fama. Y no es hasta los siglos XII – XIV cuando aparecen en toda Europa la hostelería, o sea lugar de hospedaje o de hospitalidad, en donde puedes comer y dormir durante un determinado tiempo, previo pago, y con una salvedad muy importante, en general, la hostelería no tiene la fama que tenían las tabernas.  
         Junto con la hostelería empiezan a surgir en Cádiz (siglo XVIII) las primeras fondas y los primeros cafés, los cuales tardaron en introducirse en la península, posiblemente por ese aire afrancesado, mientras se hace patente la escalonada desaparición de las botillerías y chocolaterías que habían gozado de una especial significación hasta entonces y eran puntos habituales de visita.
           Los primeros restaurantes se establecen en el siglo XX en Madrid y Barcelona. Y esta última ciudad, en concreto, se transforma en una de las ciudades europeas donde mejor se come, destacando en ella restaurantes como El Grand Restaurant de France, El Hotel Continental y Suizo, Chef Martín y Maison Dorée. En Madrid, el más representativo es el L´Hardy, inaugurado en el año1839 por Emile L’Hardy de origen suizo, que mantiene sus puertas abiertas a día de hoy.
         Siempre ha existido una confusión o dudas sobre la diferencia entre los términos: posada, parador, mesón, venta y fonda. Todos ellos, hospedajes destinados a diferentes eventos, que los definiríamos así: El término posada proviene de posar (descansar, asentarse o reposar), se trata de una casa donde reposar de las fatigas del viaje, en donde el posadero sólo está obligado a proporcionar alojamiento, sal y el derecho a cocinar aquello que el viajero traiga consigo.
          La fonda por el contrario difiere de la posada en que precisamente suministra comida y bebidas. En su fundación los definían así: “Están regentadas por franceses, italianos, catalanes, vascos, todos ellos “extranjeros” a los ojos del castellano, que no les estima y les tiene a menos.
           El parador, emparentado con la posada, termino probablemente derivado de waradah “lugar de parada”; se trata de un vasto caravasar para recibir carretas, carros y bestias de carga, ubicado generalmente en las afueras de las poblaciones. En Vitoria se conserva “El Portalón”, fue una casa de postas desde el s. XV hasta la mitad del s. XX, lugar de parada y fonda en el camino de España a Francia, convertido actualmente en restaurante, con su gran portón para que entrasen las caravanas y los carros, con sus caballerizas, etc.
            El mesón, casi equivalente a la posada, corresponde más a las posadas de las poblaciones rurales y más pequeñas.
          Venta. La palabra deriva del latín vendedo, una paradoja etimológica, pues allí no se venden provisiones a los viajeros. Covarrubias explica esta actividad como consistente “especialmente en venderle a uno un gato por una liebre”, practica muy habitual en las ventas, a tal punto que la citada expresión se ha incorporado al hablar corriente con el sentido de embaucar o engañar.
 
 

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