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Las patatas o papas, se cultivaron en las elevadas planicies de los Andes por una civilización muy anterior a los que ahora llamamos incas, calculada en el año 2500 a. C.
Colon descubrió no solo un nuevo mundo, si no nuevos alimentos y su posterior difusión planetaria. Entre ellos a destacar por sus altibajos y su larga historia, la patata o papa.
Nada bueno se decía de la patata o papa, entre otras cosas, que producía lepra, y estaba considerada como un tubérculo venenoso, incluso algunos le achacaban la culpa, de vergonzante impotencia y que antaño las princesas incas empleaban para desembarazarse de los maridos que no aportaban, o se portaban puntualmente, y con todo entusiasmo, en el débito conyugal. Además, su forma es obscena y puede ser considerada como un símbolo fálico.
La gente del campo no quería sembrar semejante tubérculo, y la aristocracia la consideraba indigna de sus mesas. La plebe prefería pasar hambre antes que catar la patata. Aquella planta maldita, que tardo mucho tiempo en implantarse, entre otras cosas, a causa de la guerra que le declararon los clérigos desde el pulpito, llegando a denominarla “raíz del diablo”, porque, al ser planta nueva, no pagaba diezmos y primicias a la Iglesia de Dios.
La patata, aparte de sus muchas calumnias y difamaciones, carecía de prestigio como alimento, llegó a Europa como una planta decorativa, se divulgó y se conoció como planta de jardín. Estos y otros motivos fueron la causa de que el honor del descubrimiento de la patata o papa por los españoles, se lo dejaran arrebatar en favor de otros pueblos, y su gloria será para Francia en la persona de Parmentier, que se encargará de introducirla en su cocina (finales del siglo XVIII). Y es en 1793, año de hambres y calamidades, cuando se instituye en Francia el Tribunal Revolucionario, y se firma un decreto que permite la incautación de los jardines de la aristocracia, para su transformación en cultivos de patata. A partir de este momento, las patatas o papas recibieron la denominación de “naranjas reales” en memoria de la estirpe de los Orleáns, familia que procede de la casa de Orange – naranja en francés –. Hasta esta fecha, la patata había sido despreciada por los franceses por considerarla como un veneno mortal.
La introducción de la patata o papa representó, en cualquier caso, la auténtica revolución experimentada por la gastronomía mundial en este período, con una trascendencia y un extraordinario significado en el desarrollo posterior de la humanidad.
La patata hija del hambre y madre de la libertad. No distingue de clases; es aristócrata y plebeya, su conocimiento y degustación no se interrumpe con el continuo rodar de los siglos. AMEN
