El olivo, el árbol que cambió el mundo

Olivos milenarios. Flickr

         Desde los albores del tiempo, el olivo y su fruto han estado presentes en la historia de los hombres y mujeres, siendo símbolo sagrado de la cultura.

         Tenemos que remontarnos ​unos 1000 a. de C., para conocer a una de las principales divinidades del panteón griego, que recibió culto en toda la Grecia Antigua, y ver al legendario árbol del olivo consagrado a ella Atenea, diosa de las artes y de las guerras, de la civilización, sabiduría, de la ciencia y de la justicia.

         La relación de Atenea con el olivo nace de ésta bonita leyenda: En cierta ocasión Poseidón, dios y señor del mar y Atenea se enfrentaron por el dominio de la región de Ática. Con el fin de resolver el conflicto, se decidió que cada uno de ellos ofreciese su mejor regalo a los habitantes de la región, actuando como jurado la asamblea de los dioses. Poseidón ofreció el mejor caballo (imagen de la guerra), que hizo salir del mar. Atenea, presentó algo tan humilde como un olivo, que hizo brotar en el monte próximo.  El consejo de los Dioses, aunque parezca mentira, decidió otorgar la victoria a Atenea, por considerar al olivo el regalo más valioso. Los motivos: – vive centenares de años y su gran generosidad, ya que su fruto además de ser comestible, produce un jugo maravilloso: el aceite, considerado un regalo sin igual para la humanidad. Se puede emplear en la cocina, en el cuidado del cuerpo (como ungüento) en diversas técnicas de masaje, en cosmética, en la curación de heridas y enfermedades, y algo tan importante como fuente permanente de luz, capaz de iluminar con su llama la noche -.

        Para todos los pueblos, desde la antigüedad clásica, ningún otro árbol fue tan valioso y útil como el olivo. Siempre presente, tanto en la vida cotidiana como en las grandes celebraciones. La corona de olivo, adornaba la cabeza de los vencedores en las guerras y en los Juegos Olímpicos. Dentro de la trilogía del pan, vino y aceite, el aceite de oliva es el elemento que menos simbolismo religioso tiene, aceptado tanto por cristianos, judíos y musulmanes, cosa que no ocurre con el pan y el vino. Uno de los doce trabajos encomendados a Hércules, fue difundir este cultivo. Y así podemos ver a los fundadores de Roma, Rómulo y Remo, amamantados por la loba Luperca, nacieron como muchos dioses y diosas griegos, debajo de un olivo.    

         En la Biblia tanto el aceite de oliva como el árbol del olivo son citados infinidad de veces. La historia escrita del olivo, se inicia con el más curioso y conocido de sus pasajes, aquel del Diluvio Universal. Cuando escampa el Diluvio, Noe para conocer si las aguas han descendido de nivel y la proximidad a tierra firme, suelta una paloma, que después de un largo viaje, regresa al Arca con una rama de olivo en el pico. Representación visual histórica, convertida al cabo de los años por el pintor Picasso, en el símbolo de la paz.

         Otra de las historias mas conocidas, se la debemos a la unción con aceite de oliva y otros productos, del cuerpo sin vida de Jesús por parte de las Marías, Magdalena, Jacobi y Salomón.

        Hasta llegar a los tiempos actuales, en los que la cocina con aceite de oliva carece de fronteras, ni en las zonas donde no se produce, se prescinde de él. Se cuece, se aliña y se fríe todo, hasta la leche, como en el caso de las frutas de sartén, las torrijas, o los quesos. Y en lo que se refiere al fruto del olivo, en un aperitivo o en un buen vermut, nunca pueden faltar las aceitunas o la aceituna. 

         A toda esta maravillosa historia del aceite de oliva y de la aceituna, solo le falta el punto final, relacionado con algo tan importante como la salud. En las últimas décadas, diversos estudios han comprobado las cualidades nutricionales del “oro líquido”, confirmando que su consumo previene distintas enfermedades.

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