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Dentro de un marco naturista o religioso, tenemos que situar en la historia alimenticia, comportamientos dictados por lo divino o por el mito.
Cuando los españoles descubrieron el imperio azteca y conocieron a Moctezuma, fliparon por ciertas o, determinadas prácticas alimentarias. Los españoles no podían creer lo que veían sus ojos, y no me estoy refiriendo al chocolate, patata, etc., etc., etc., no. Con motivo de las numerosas fiestas que se celebraban anualmente, basadas principalmente en creencias religiosas, vieron incrédulos, como los prisioneros de guerra eran sacrificados ritualmente por sacerdotes, arrancándoles en primer lugar el corazón, para posteriormente ser arrojados desde lo alto de las pirámides. Abajo, otros sacerdotes, los recogían y los cortaban en trozos en una autentica carnicería humana. El propietario del prisionero recogía los trozos con todo el cariño y se los llevaba a su casa, donde los cocinaba con el mayor esmero, cociéndolos con maíz, flores de calabaza y un poco de sal. “Lo que está cocido les pertenece a los dioses”.
La comida de carne humana era muy valorada, porque con ella se servía el alimento deseado por los dioses, y lo compartían con sus amigos y vecinos. Porque la muerte no natural es un excedente de energía y fuerza que simboliza y concentra el sol.
