¿LA GASTRONOMÍA NACIÓ EN GRECIA?

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        En mi último escrito, presentaba a los griegos como los impulsores de la gastronomía. Y, no es correcto del todo, habría que puntualizar algo más, impulsores sí, pero no creadores, aunque mucho tiene que ver con Grecia hasta tal punto de que el término gastronomía, nace de la unión de dos palabras griegas: gastros (estómago) y nomos (conocimiento).

        La gastronomía como tal, podríamos definirla como el conjunto de conocimientos y actividades que están relacionados con el arte culinario, con los ingredientes, recetas y técnicas, así como con su evolución histórica y sus significaciones culturales

         Por el contrario, la mera cocción de la carne o de unas raíces sobre unas brasas no es de por si gastronomía y si me apuras mucho, ni cocina, (sin restar méritos a los asadores, ojo, a cocinero se puede llegar, empero con el don de asar bien, es preciso nacer), y hay que recordar, que el inicio de la cocina está en el fuego, y gracias a este, nace la cocción, la operación más importante y principal de la cocina. La cocción de alimentos en donde los sabores del solido pasan al líquido, es el caso de la sopa, y permite hacer a los sólidos más digeribles, e integrar en la cocina, alimentos no comestibles, o poco comestibles en estado crudo.

          Con los franceses del siglo XIX nació lo que conocemos como gastronomía y pusieron en boga el vocablo gastronomía, impulsado por gente de letras y de oficios vinculados a la alimentación, monopolizado por la gente burguesa (clase media alta acomodada, ​clase poseedora de un importante capital financiero), amante de los placeres, entre ellos el culinario. Un arte desarrollado para el servicio de la nobleza (clase social formada por personas que generalmente poseían títulos nobiliarios, heredados de sus antepasados, también llamados Glentlemen o caballeros).

        El movimiento político, social y económico que surgió en Francia en el año 1789, conocido como “La revolución francesa”, trajo como consecuencia el derrumbe de la clase absolutista, marcando un punto de inflexión en la gastronomía europea, que se extendió a nivel popular, haciéndose común para todos los estamentos sociales, y no solo de los privilegiados. La gran nobleza defenestrada por la oleada revolucionaria despidió a su servidumbre, entre ellos los cocineros, los cuales acabaron abriendo casas de comidas, embrión de los modernos restaurantes, donde al cliente se le explica, por carta, lo que puede comer, como se prepara y cuánto ha de pagar. Eso significa “menú”, vocablo francés que podríamos traducirlo como: detalle minucioso, menudo.

       A partir de esta época, en la Francia revolucionaria, se incrementa el número de restauradores. Todavía no se utiliza la palabra “restaurante” para designar al establecimiento del restaurador. El nacimiento de este nuevo fenómeno será en el año 1835 en que el Diccionario de la Academia oficializa el empleo de esta palabra.

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