
El protagonismo de la patata es indudable, para bien y también tuvo su tiempo para mal. Se ha hablado y escrito largo y tendido sobre ella, con historias apasionantes sobre sus espaldas. A todas estas historias, costumbres, maldades, etc., habría que sumar una virtud muy especial y nada despreciable: su precio. La patata es hija del hambre, lo que le atribuye la virtud de no distinguir clases: es aristócrata y plebeya, conocida universalmente, y tanto ricos como pobres, grandes o pequeños, tiene en ella un gran amigo.
A comienzos del siglo XVI, los españoles encontraron este tubérculo en Colombia, con el nombre de “papa”, nombre procedente de la lengua hablada de los Incas. Pero, los listos, dijeron que no, de eso nada, “papa”, es una palabra latina que significa alimento y que procede del sonido que hacen los recién nacidos al mamar.
Y son ellos, los conquistadores españoles, los que la traen a Europa. Pero, una vez en Europa, ¡qué? Existen muchas y diferentes teorías sobre sus inicios. Varios autores aseguran que las primeras patatas que se vieron en Europa siglos XVIII – XIX, se cultivaron en Galicia para después difundirse por toda Irlanda. Pero…, siendo recibidas con sospechas y aceptada exclusivamente, para el ganado. Se le acusaba de indigesta y portadora de graves enfermedades, como la peste y el colera, y de trasmitir la lepra. Incluso algunos se mofan y le atribuyen a su forma, afirmaciones como que es obscena, y puede ser considerada como un símbolo fálico.
En estos inicios, todo fueron males, tuvieron que ser los franceses en la guerra de la independencia los que hicieron cambiar la manera de ver a las patatas.
Los propios franceses instalados en Vitoria (1807 – 1813), ante la carencia de alimentos, tienen que intervenir, y su intendencia conduce grandes cargamentos de patatas (en Francia se cultivaba, y estaba muy bien considerada) para el abastecimiento de sus tropas y aunque existían patatas plantadas en todo el País Vasco, principalmente en Álava, la gente del campo, no estaba muy por su consumo, existía una especie de leyenda negra que la consideraba como un veneno mortal. Como decía anteriormente, se llegó a decir que era causa de la lepra entre otras muchas cosas, incluso le achacaron la impotencia en el hombre. Se conocía la historia o leyenda que cuenta: Algunas princesas incas, las habían empleado para desembarazarse de los maridos que no cumplían puntualmente y con el entusiasmo debido, en sus obligaciones conyugales.
Los franceses, no solo trajeron patatas de Francia, sino que saquearon los cultivos que existían en aquella época en Álava, aunque, poco extendidos y entendidos. Comprobando su alta calidad, vieron en este tubérculo un producto, que se adaptaba perfectamente a la tierra alavesa y a su clima y para animar a la gente del campo a su cultivo y consumo, mandó un edicto a todos los pueblos alaveses:
Para animar a los pueblos, al cultivo de las patatas, que no existe ninguna otra planta nutritiva que exija menos cuidados, ni que produzca tanto…
Y que además de los manjares muy variados que nuestros cocineros, saben hacer con las patatas, la medicina muy lejos de mirarlos como un alimento nocivo (se utilizaba como cataplasma en quemaduras y tumoraciones, y como curativo del escorbuto).
Journal de Medécine de Paris, par Sedillot, en 1812
El conocerla, tocarla y probarla, fue el aldabonazo, para que se iniciara su plantación masiva en la toda la provincia de Álava.
La patata no fue utilizada únicamente como alimento, sino también como medicamento, propiciado por las virtudes ocultas que tiene:
- Comida después de cenar una patata verde y cruda, evita el ahíto (indigestión o empacho).
- Cocida verde y aplicadas muy calientes en forma de emplasto, valen contra el cruel dolor de gota.
- Rodajas de patata espolvoreadas con sal o con vinagre, aplicadas en las sienes, contra las jaquecas
- Cataplasmas de patata con su pellejo, aplicar en las quemaduras.
- Una pomada a base de patata molida, carbón de sauce y aceite de oliva, en el tratamiento de las mordeduras de perro.
- Pomada a base de patata, ladrillo bien pulverizado y vinagre fuerte, para borrar las cicatrices.
- Como secreto contra el reumatismo, llevar en el bolsillo tres papas y un pedazo de lacre fino.
