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Aquí está la cuestión, that is the question que dirían los ingleses. Cuando criticamos a países como Francia, por ejemplo, al utilizan la mantequilla en vez de aceite de oliva. ¿Estamos con la razón, con la verdad?
Esta costumbre del aceite no se extendió por otros territorios, no porque se decantasen en sus preferencias frente a la mantequilla, sino por el hecho de haber adquirido unas costumbres perennes desde tiempos inmemoriales y obligados a su uso para cocinar se habían habituado al empleo del aceite. Y muchos se echan las manos a la cabeza cuando les dicen que, en Paris, el solomillo de ternera lo preparan con mantequilla. Hagamos un paralelismo entre la leche de vaca y su carne: “Si la existencia de buenos prados se traduce en una señal inequívoca de buena cocina, alimento imprescindible para bueyes y vacas, y para su carne y su leche, con la que fabricaremos nata, queso y mantequilla, y teniendo en cuenta el estrecho parentesco entre la carne y ésta, la mantequilla ha de acompañar a la carne mejor que el aceite. En el plato de carne, la mantequilla es como una restitución de las sustancias perdidas, mientras que el aceite no puede ser nunca más que una sustitución. La superioridad de la mantequilla me parece evidente, y si alguien me dice que sobre gustos no hay nada escrito yo le contestaré que, por esta misma razón, ya es hora de que se vaya escribiendo algo”. Conclusión, al solomillo de ternerita parisino frito con mantequilla, lo que estamos haciendo es como muy bien dice el entrecomillado, restituirle a la ternerita la leche que antes le hemos quitado y PUNTO
