
La preparación de un buen caldo, tiene su secreto. Lo mismo ocurre con el café, pero…
El buen cafetero sostiene que el misterio de una buena infusión consiste en poner poca agua y buen grano de café molido. Y también si somos justos, sostendremos, que un buen caldo es el conjunto de los muchos y muy buenos ingredientes, con la menor cantidad de agua, pero, ¡ojo!, con orden y concierto. Ni el café, ni el buen caldo, consisten exclusivamente en esto. Para preparar tanto el uno como el otro, es necesario saber. Los buenos cafeteros, solo los buenos, conocen perfectamente la tarea de fusionar el aromático grano que dio nombre a Moka y Puerto Rico.
Por el contrario, el caldo clásico, el familiar, admite infinidad de productos, animales, vegetales, pescados, mariscos, etc., etc., etc. Y la quinta esencia de todos los caldos, cuando se consuma en una marmita lo mejor de lo mejor, es obviamente, el caldo consumado, “el consommé”. Ósea, un buen caldo al que se le adiciona un trozo de buena carne de buey, otro de jamón magro, una buena gallina y una perdiz o pichón. Una vez cocido, se cuela clarificándolo bien y se le incorpora un huevo batido, para que arrastre consigo todas las impurezas del consommé, y dejarlo bien limpio y transparente y como remate final, no puede faltar el añadido de una copita de buen Jerez.
