ROSCON DE REYES. Siempre con haba

            Indiscutiblemente el postre más popular de todo el Estado como cierre de las fiestas de Navidad, ha sido y sigue siendo el Roscón de Reyes. Postre con una tradición y unas costumbres totalmente francesas, aunque heredadas de los “saturnales” (festividad romana) de la Roma Imperial. Este ritual lleva alegrando el día de Reyes en nuestro país unos 150 años, pero, es a nuestros vecinos franceses a quienes tenemos que agradecérselo.

         Las habas son conocidas desde tiempos muy remotos, ocupando un papel primordial en el mundo romano, hasta tal punto, que en la celebración de los mencionados “saturnales”, se utilizaban para elegir al rey de la fiesta. Seguramente en esta costumbre, esté el origen del haba que como símbolo de la suerte llevan algunos Roscos de Reyes.

          Para conocer la influencia francesa en el Roscón de Reyes, tenemos que viajar a los tiempos de Enrique III Rey de Francia (1574 – 1589), en los que el monarca tenía una sana costumbre que consistía en que sus cocineros elaborasen un roscón, y esconder en su interior un haba. Al terminar la comida, se repartían trozos de pastel entre todos los asistentes. Aquel que encontraba el haba era proclamado rey o reina durante el resto del día. Pero, el Rosco de Reyes se convirtió en sospechoso y tuvo sus graves problemas en Francia, durante los funestos sucesos del año 1793, que hicieron desaparecer a la realeza incluso de la mesa, y el directorio al mando de Robespierre, prohibió cualquier cosa relacionada con la aristocracia y la realeza, declarando la guerra a muerte a los pasteleros y a sus Roscones de Reyes.

         Esta dramática situación que padecieron los pasteleros franceses, duró hasta el 18 de Brumario del año 8 (según el calendario republicano francés), y poco a poco comenzaron a renacer las antiguas costumbres. El gobierno francés, ya más asentado en el poder consideró que la salud de la República no se vería comprometía por un simple pastel, y se volvió a elaborar el Roscón de Reyes como anteriormente.

         En España, pasados aquellos tristes sucesos franceses, se inició en los primeros Roscos de Reyes, que harían las delicias principalmente de aristócratas y ricos burgueses que, ansiosos por emular en todo a los franceses, fueron asumiendo poco a poco la ceremonia del Roscón, solo que, con una importante salvedad, la tan humilde haba fue reemplazada por monedas, joyas o figuras de porcelana en los selectos bailes que ofrecía la alta sociedad por la fiesta de Reyes.

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