
¿Qué sería de Hispania en general sin el ajo? Base del gazpacho, de la sopa llamada por antonomasia de ajo, de la sopa de cebolla y ajo para la gripe, la zurrukutuna (sopa de ajo con bacalao), la sopa vegana, la sopa de calabaza y ajo, de las frituras, el famoso refrito, etc., etc., etc. Pero, no todos los hispanos tenían o tienen la misma apreciación, y para ejemplo un botón, don Quijote no era muy amigo del ajo, y se le irritaba y agobiaba el alma con el olor que a ellos despedía la frígida Dulcinea, y a su fiel escudero Sancho le aconsejaba que no comiese ajo para que no sacasen por el olor su villanería.
Tampoco eran muy amigos de los ajos las mesas reales francesas, ni su alta cocina, puede decirse que apenas entra el ajo. Lo mis podemos decir de los ingleses que lo consideran repugnante al paladar británico.
Por el contrario, los egipcios lo consideraban como una legumbre divina. Entre los soldados romanos, llegó a ser símbolo de su vida militar, en la medicina de esta época le señalaban virtudes vermífugas (que tiene la propiedad de favorecer la expulsión de lombrices intestinales) y también febrífugas (aquellas que tienen la propiedad de calmar la fiebre). Una costumbre muy antigua, pero que aún perdura en muchos pueblos, consistía en frotar las camas con ajos, como mejor antídoto contra los chinches, (remedio para algunos peor aún que el maldito bicho).
Pregunto San Pedro a Cristo, por que llamó al caracol CARA-COL; y dijo Cristo: porque cuando lo he criado, miraba para una col, que, si miraba hacia un ajo, le llamaría CARA-AJO.
