
Dioniso, Museo de Loubre
Como cambian los tiempos Don Marcelinó. Los bárbaros (germanos, alemanes, escandinavos, etc.), en los años 500, tenían unas costumbres totalmente diferentes a las nuestras en lo que a alimentación se refiere, entre las se encontraban principalmente; la carne frente al pan, la mantequilla frente al aceite y la cerveza frente al vino.
Si pasamos por delante de una terraza de bar o miras su barra, raro es ver en ellas un vaso con vino, o una botella con el venerable líquido, siendo lo más habitual, cerveza.
Si levantase la cabeza Dioniso o Dionysos dios del vino… Cuenta la mitología griega que Dionysios, sentía un gran amor por la humanidad y les hizo conocer este néctar para hacerlos más felices.
Y sin duda alguna, se cumplió el deseo de Dionysos y la viña y el vino fueron difundidos y conocidos prácticamente en todo el mundo mundial, aunque con ciertas salvedades como es el caso de la cocina árabe que condena el huso del vino, pero, que contradicción, Marruecos, por ejemplo, está plagado de viñedos, cuyas uvas o su liquido elemento, es vendido a los franceses principalmente, todo hay que decirlo.
Y el vino es ampliamente apreciado por los mortales, y quedémonos con la frase del Dr. Fleming que confirma el deseo de Dionysos: “La penicilina será lo que cure a los hombres, pero lo que les hace felices es el vino”.
Para terminar, y para que nadie me pueda criticar, he de confesar que para comer o cenar siempre vino, pero, antes de comer o cenar, que no falte una cervecita, a poder ser, tostada, perdona Dioniso
