¿Y QUE ME DICES DEL YOGUR?

          El nombre de yogur es de origen turco y desde hace siglos, los nómadas del desierto lo han preparado bajo sus tiendas en odres de piel. Se cree que su consumo es anterior al comienzo de la agricultura, con lo cual tenemos que remontarnos al Neolítico, hace unos 10.000 años.  

          Los pueblos nómadas transportaban la leche fresca que obtenían de los animales en sacos generalmente de piel de cabra. El calor y el contacto de la leche con la piel de cabra propiciaba la multiplicación de las bacterias ácidas que fermentaban la leche, proporcionándole ese sabor tan característico. Convirtiéndose así  la leche en una fina masa semisólida y coagulada. Cuentan que Gengis Kahn, el legendario conquistador mongol, alimentaba a sus solados con yogur y así darles una gran fortaleza.  

          El yogur se convirtió en el alimento básico de los pueblos nómadas, no solo por su sabor y características, había que sumarle, además, su facilidad de transporte y conservación. Sus saludables virtudes eran ya conocidas en la Antigüedad. Unos siglos más tarde se descubriría su efecto calmante y reguladores intestinales. 

           El yogur permaneció durante muchos años como comida propia de la India, de países asiáticos, de Europa Central y del Este y de Turquía hasta la llegada del año 1900, cuando el biólogo ruso Méchnikov expuso su teoría de que el gran consumo de yogur era el responsable de la alta esperanza de vida de los campesinos búlgaros.  

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