¿EL NACIMIENTO DEL QUESO? Y CARLOMAGNO QUE OPINÓ

          El queso, podríamos definirlo como una forma unificada de la leche. Y considerarlo como uno de los grandes logros de la humanidad.  

          No existen datos precisos sobre el origen delqueso. La referencia más antigua que tenemos corresponde a épocas prehistóricas, concretamente hace 2300 años, anterior a la invención de la escritura. Los primeros datos, aparecen en grabados en tumbas egipcias  

         Hace miles de años, el hombre consumía como alimento las leches de las cabras y ovejas. Quiso conservarlas, o tener unas reservas de este preciado líquido, y no tuvo mejor idea que utilizar como recipiente para su conservación, los estómagos y las vejigas de los animales que sacrificaba. Por la acción del calor, o por la propia presencia de las enzimas naturales (moléculas creadas por el propio cuerpo), coagulantes que contenían las entrañas de los rumiantes (ahora se llama cuajo), la leche se cuajó, y así se “inventó” lo que hoy en día llamamos QUESO. 

         Si recorremos un poco la historia del queso, veremos como en la mitología griega, los Dioses del Olimpo enseñaron a los humanos la elaboración del queso. Pero esto, es mitología y no nos aclara absolutamente nada. También tenemos la leyenda árabe que nos acerca más a la realidad y cuenta como un pastor nómada se quedó sin recipientes para transportar la leche, y se le ocurrió matar un cabrito y utilizar su estómago como odre, a consecuencia del calor durante el camino de vuelta, la leche se tornó sólida y de esta manera aprendieron a elaborar queso. 

          Durante la Edad Media el queso evolucionó hasta convertirse en un alimento de artesanía fina. Cuentan de un monje del monasterio Fulda, llamado Eginaldo, que escribió esta fascinante anécdota. “Carlomagno estaba de viaje, y una noche se encontraba cenando en la residencia del obispo. Aquel día Carlos no quería comer carnes de bestias ni de aves. El obispo, ordeno que le pusieran delante un queso excelente blanco y graso. Carlos, tomando su cuchillo, tiró el moho que cubría al queso, que le parecía abominable y se comió el queso. Entonces el obispo, que estaba de pies cerca de él como un sirviente, se le acerco y dijo: “¿Por qué hacéis eso, señor emperador? Estáis tirando la mejor parte”, Carlos se metió en la boca un trozo de moho, se lo comió despacio y se lo tragó como si fuera mantequilla, Después, dijo “Muy cierto, mi buen anfitrión”, y añadió: “No olvides enviarme cada año a Aquisgrán dos carros de estos quesos”.  

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