
Desde el descubrimiento del dolmen de Eguilaz en el año 1832, en la Sierra de Salvatierra (Álava), por un labrador que araba con sus bueyes en aquel termino, y gracias a las investigaciones arqueológicas y estudios que se realizaron a partir del año 1916 por Aranzadi, Barandiarán y Eguren, podemos conocer la existencia del hombre vasco antes de la historia, como vivía y moría, o el inicio de nuestra cultura. Aunque para encontrarnos con los orígenes de esta obra arquitectónica, tendríamos que remontarnos a los años 2500 a.C.
Como podemos ver en la fotografía, el dolmen (palabra que en bretón significa “mesa de Piedra”) de Eguilaz, está integrado por dos o más menhires (piedras alargadas) cubiertos por una losa con un gran grosor que anda rondando el metro.
Esta obra trata de la arquitectura megalítica (monumento prehistórico relacionado con el mundo de la muerte), El dolmen era una cámara funeraria abierta, y su función, la de un sepulcro colectivo, a modo de panteón.
Explorando su interior, se hallaron multitud de esqueletos, cuyos cráneos bien conservados, aún tenían dientes y muelas perfectas y de un color bueno y natural en sus mandíbulas. Se encontraron también varias puntas de lanza y flecha de cobre. Al parecer, los enterramientos eran para los miembros de la comunidad con un ritual en el que se incluía el depósito de comidas y objetos. Y lo más curioso, al parecer, los esqueletos eran de hombres y jóvenes, y ninguno de mujer. Como última curiosidad: La última persona enterrada en el dolmen de Eguilaz, fue un soldado de Napoleón que huía de Vitoria en el año1813
El misterio que envuelve este dolmen prehistórico, nos hace avivar la imaginación y, viajar en el tiempo con historias asombrosas, mágicas e imaginativas, de seres fantásticos, y hoy en día cuando lo miro, me pregunto: Cómo los hombres y mujeres prehistóricos se las ingeniaron para construir los dólmenes, dado el tamaño y tonelaje de las piedras empleadas en su erección.
