
El perejil es sin duda alguna, la hierba comestible más conocida y cultivada en todo el mundo desde hace milenios, aunque sea Cerdeña quien revindique su origen. Remontándonos en el tiempo, en la Grecia antigua, el perejil gozaba de tan buena reputación entre los griegos que en los banquetes se coronaban la frente con él, puesto que consideraban que habría el apetito y estimulaba el buen humor. En la Grecia del periodo Helenístico se acostumbraba colocar sobre sus tumbas coronas de perejil, y se frotaban con esta planta hasta que se tornaba verde la palma de la mano derecha. Decía Aristóteles que introduciendo el jugo del perejil por el cuello del útero se propicia el aborto y hace bajar la regla de las mujeres con problemas de regulación.
Acercándonos ya a la época romana, los gladiadores lo llevaban en los combates en la convicción de que les infundía astucia y fuerza. También el mal aliento se mitigaba masticando semillas de esta planta, y se decían que el cabello crecía más lozano y firme evitándose así su caída.
Carlomagno era un auténtico enamorado del perejil y lo puso de moda en Occidente mandando que se plantara en todos los jardines de su palacio en el siglo IX.
Ya en la actualidad, el perejil es una de las plantas aromáticas más populares de la gastronomía mundial, utilizado tanto como condimento en ensaladas, salsas, caldos, etc., además, de ser el principal aditamento y acompañante, el perejil ha sido y es muy apreciado por quienes dicen la buenaventura, siendo la base de miles de supersticiones folclóricas.
