
Mucho se ha escrito sobre la cocina de las torrijas, sus preparaciones son múltiples y diferentes, existen infinidad de fórmulas a lo largo y ancho de nuestra amplia geografía, así como en diferentes países del extranjero. ¿Pero que son las torrijas? Las torrijas son un postre, yo iría aún más lejos, y diría que, incluso, es un plato. Plato sencillo donde los haya, pero delicioso, hijo de la espontaneidad y del aprovechamiento. Tan sencillo, que al igual que las sopas de ajo, parten de la utilización del pan seco, aunque actualmente se preparan panes especiales para torrijas. Para su elaboración, se pueden macerar en leche, con albariño, con vino tinto, anís, jerez, miel, melaza, almíbar, etc., etc., pero siempre, partiendo del pan y espolvoreadas con azúcar y canela en polvo al gusto del consumidor.
Algunos autores cuentan y no paran, creyendo ver diferentes procedencias. Una muy extendida, la encontramos en la cocina arábiga, lo que se conoce como ‘frutas de sartén’ una fritura en aceite típica de su cocina árabe. “donde, después del ayuno “yon kippur” se toman rebanadas de pan adobado en leche, espolvoreado con azúcar y canela y empapadas en vino, una receta muy similar, por no decir igual que nuestras torrijas. Pero, no me cuadra, ante la prohibición del vino en la religión árabe.
Y así, frito en aceite de oliva, aparece en las juderías de Oriente próximo, un postre que ellos consideran carismático: las ’rebanadas de parida’ o ‘torrijas’. Que aún siguen elaborándose en diferentes sitios de España, con diferentes nombres, generalmente por Semana Santa.
Los judíos estuvieron en Vitoria – Gasteiz hace 237 años y dejaron un legado gastronómico que sigue vigente en la actualidad. Son los “comeres judaicos” o guisados de judíos, como las cazuelas o cazuelitas, las empanadillas o el bolado con el que se acompañaba hasta hace pocos años al chocolate. Y como postre carismático, “las torrijas” (en las juderías de Oriente próximo se consideraba como postre exquisito las “rebanadas de parida” o “torrijas”).
Después de conocer su procedencia y padrinaje, nos cuenta la historia que muchas veces se confunde con la leyenda, como las mujeres cuando daban a luz, pasaban el puerperio (también llamado “cuarentena”, período de 40 días que sigue al parto) en casa, al cuidado de amigas y familiares. En esos primeros días, necesitaban un gran aporte calórico para poder amamantar al bebé, y las torrijas, eran el plato perfecto.
Hasta pasado el siglo XVII, las torrijas seguían siendo un postre o plato, exclusivamente de parturientas e invitados a ver al recién nacido. Sin embargo, a partir de finales del año 1.600, cambió la historia, y se popularizaron las torrijas y a partir de los siglos XVIII – XIX, fueron los conventos y monasterios sus elaboradores, recibiendo la invocación de santa Teresa, convirtiéndolas en un postre de Cuaresma y Semana Santa, por lo que recibieron el nombre de “carnestolendas”, (que quiere decir retirar la carne) por la liturgia cristiana, la cuaresma, etc.
Desde entonces, las torrijas son Semanasanteras, y más concretamente de jueves Santo. Antonio Civantos dice que hay que comerlas en Semana Santa, y es preceptivo comerlas esos días, pues si se pierde semejante tradición pasarán al desván de las infinitas tradiciones perdidas. Pues, lo siento señor Civantos, ya que en Vitoria- Gasteiz y en otros lugares del País Vasco, rompemos esa tradición, y no son Semanasanteras sino Carnavaleras, sobre todo del martes de carnaval, y no pueden faltar en ninguna casa, restaurante o sociedad gastronómica que se precie.
