
La patata fue domesticada hace más de 8000 años en los Andes del Perú y fue introducida en Europa en el año 1560. El cultivo de la patata se introdujo en España en el año 1570. Pero. desde el primer momento, la patata fue considerada una excentricidad botánica, motivo por el que tanto la aristocracia como la monarquía la utilizaron para embellecer sus jardines. Nada bueno se decía de la patata o papa, entre otras cosas, que producía lepra, y estaba considerada como un tubérculo venenoso, incluso algunos le achacaban la culpa de vergonzante impotencia y que antaño las princesas incas la empleaban para desembarazarse de los maridos que no aportaban, o se portaban puntualmente, y con todo entusiasmo, en el débito conyugal. Además, su forma es obscena y puede ser considerada como un símbolo fálico.
La gente del campo no quería sembrar semejante tubérculo, y la aristocracia la consideraba indigna de sus mesas. La plebe prefería pasar hambre antes que catar la patata. Aquella planta maldita, que tardo mucho tiempo en implantarse, entre otras cosas, a causa de la guerra que le declararon los clérigos desde el pulpito, llegando a denominarla “raíz del diablo”, porque, al ser planta nueva, no pagaba diezmos y primicias a la Iglesia de Dios.
