EL DOMINGO: SOPA

          No hay datos concretos del nacimiento de la sopa. Tenemos que remontarnos al Paleolítico -hace más de 25.000 años-, periodo en el cual, nuestros ancestros encontraron en cuevas prehistóricas o en sus alrededores, restos de alimentos en agujeros tallados en las rocas o causados por su erosión natural, en los que ponían agua, a continuación, introducían piedras calentadas al fuego, que eran sustituidas paulatinamente por otras más calientes, e introducían alimentos como verduras, carnes, peces o ciertos mariscos. También utilizaban recipientes que la naturaleza madre ponía a su alcance, como las conchas de ciertos moluscos, los cráneos vacíos de los animales, pieles de estos o troncos, en los que igualmente ponían agua, e introducían piedras calentadas al fuego y los productos diferentes. De esta manera comprobaron, que los alimentos eran más digeribles, además aprovechando el caldo, descubren “las primeras sopas de verduras, carnes, pescados o marisco”.

           Algunos autores van más lejos y asocian el nacimiento de la cocción con la aparición de la alfarería durante el Neolítico (12.000 a 5.000 a.C.), lo que permitió disponer de recipientes donde hervir en agua y alimentos crudos.

          Con el paso de los años la sopa se convirtió principalmente en Francia, en mucho más que un simple plato caliente. La sopa fue fundamental en la gastronomía francesa, que trascendió generaciones y fronteras. Los franceses han sido los grandes cocineros de la sopa. Con una historia rica y variada. La sopa ha sido parte integral de la cultura culinaria francesa durante siglos. Desde las humildes sopas campesinas, hasta las elaboradas creaciones servidas en restaurantes de alta cocina. Siendo el domingo el día tradicional para degustar la sopa. El rey de Francia Enrique IV (1553-1610) recordado como uno de los monarcas más importantes de la historia francesa, solía decir que su máximo objetivo era “que todos los franceses pudieran echar los domingos una gallina a la olla”.

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