
Cuentan los cronistas, que Moctezuma rey del pueblo azteca, tomaba chocolate en abundancia y con evidentes muestras de satisfacción, y los españoles que habitaban allí lo comentaban: “El caudillo azteca es un tigre con las mujeres, y para aumentar debidamente su rendimiento viril, toma todos los días chocolate, y así se demuestra como atiende debidamente a sus múltiples mujeres. ¡Se contaba que llegó a tener, al mismo tiempo, más de 150 concubinas embarazadas!”
Tomar nota de como consumían el chocolate los aztecas. En primer lugar, molían el cacao (con un intenso sabor amargo) y lo mezclaban con guindillas picantes, diferentes especies y vainillas, entre otras cosas, lo removían bien, logrando una masa líquida y espumosa.
Y con esta masa o chocolate que tomaba el pueblo azteca (choco–alt), fue recibido Hernán Cortés en México, al cual esta bebida muy amarga, al parecer, no fue muy agradable para el gusto de Cortes, (ni lo sería para el nuestro).Una bebida amarga y picante, poco agradable para el gusto español, “Mas adecuada para echarla a los cerdos que para consumirlo por los hombres” decía uno de los conquistadores. Ésta puede que sea la razón (seamos beligerantes) por la que Cristóbal Colón ni lo mencionase como alimento
Le faltaba algo a este chocolate, algo que cambiase ese sabor tan potente y amargo, y curiosamente, las monjas del convento que se instaló en el pueblo mexicano de Guajaca, tuvieron la “Providencial” idea de incorporar al cacao molido, el azúcar que había llegado con los galeones españoles desde Canarias, y aromatizarlo con vainilla. Fue total el éxito de esta nueva y revolucionaria preparación y uno de los grandes placeres del paladar, el chocolate, y sus comentarios decían así de él, “es cosa loca los que en aquella tierra lo aprecian, y las españolas hechas a la tierra, se mueren por él”. Y así como los nahuas (raza de México con una larga y rica historia) consideraban el chocolate como un alimento afrodisíaco, las señoras de nuestros primeros conquistadores, que al parecer eran insaciables, así también lo consideraban, para lo cual, además, le añadían otros ingredientes excitantes como pimienta o chile, logrando al parecer los efectos apetecidos. La mayor parte de los testimonios recogidos de aquellas conquistas, nos hablan del desmedido interés, incluso vicio, de las señoras españolas instaladas en el país azteca.
