
Para gustos están hechos los colores. Y este dicho, se lo podemos aplicar a los garbanzos. Aunque reconociendo a los garbanzos, como la base imprescindible de todos los cocidos hispanos, desde la aparición de la olla podrida, aunque antes, mucho antes, ya en el año 226 a. C., los cartagineses lo habían introducido.
Los garbanzos, conocidos también como “Gabrieles” porque se plantan el día de San Gabriel, eran odiado por los romanos, lo mismo que los franceses y así nos lo hace saber Teófilo Gautier, autor francés de un celebre libro sobre su viaje por España, y dejo escrito: “Los garbanzos son desconocidos en Paris. Podemos definirlos diciendo que es una especie de guisante que aspira a ser habichuela y que felizmente lo consigue”. De esta misma opinión era una buena parte de los europeos, razón por la que no aparecen en la mayoría de sus cocidos. En Roma, por ejemplo, se exhibía a un esclavo cartaginés con cara de tonto comiendo garbanzos para regocijo y motivo de risa del pueblo romano.
Pero, también autores españoles como Julio Camba (1884 – 1962), dejaron su legado. En su obra “La Casa de Lúculo”, una obra deliciosa, penetrante, llena de humor y de observaciones atinadas, dice ni más ni menos lo siguiente de los garbanzos: “Legumbre tradicional en España desde que los cartagineses nos gastaron la broma de plantarla en ella. Los garbanzos constituyen el truco de que, durante veintitantos siglos, se han valido los maridos españoles para entretener a las mujeres en casa. Generalmente no hay remojo ni cocción que los ablande, y eso va ganado el caldo en el que no dejan más sustancia de la que dejaría un puñado de balines”.
Tampoco se queda corto Alejandro Dumas sobre este particular, afirmando que “Los garbanzos, señores, son una especie de guisantes del tamaño de una bola de calibre, a los que terminó uno por acostumbrarse, aunque mi estómago no ha podido con ellos, ya que el primer día se come usted uno, dos el segundo, tres el tercero y con ciertas precauciones es posible que pueda sobrevivir a la prueba”.
Lo que sí está claro es que, para los estómagos delicados, los garbanzos no son fáciles de digerir, y el propio doctor Jiménez Díaz decía con humor, que el mal genio y la irritabilidad de los españoles y mejicanos se debía al gran consumo que en estos países se hacía del garbanzo. De todas formas, posiblemente sean un poco exagerados estas afirmaciones y prefiero quedarme con lo que dice “El libro del arte amatorio hindú”: “Su consumo habitual favorece los placeres amorosos”.
