
Uno de los platos que caracterizan a la tradicional cocina manchega, conocido internacionalmente por el libro de Miguel de Cervantes, “El Quijote”, donde aparece en los primeros párrafos de su obra, cuando expone lo que come Alonso Quijano (Don Quijote) un día de la semana, los sábados, “duelos y quebrantos”. Amén de su curioso y majestuoso nombre, es difícil de entender y relacionar este título con la cocina. Nombre que cuenta con una historia confusa, que, a ciencia cierta, no se sabe el cómo, ni de donde, ni el porqué de él.
El plato, así llamado “duelos y quebrantos”, aunque su nombre, dicho así de golpe, no lo relacionas con la gastronomía, se trata de un plato sustancioso y de alto contenido calórico, cuyos ingredientes principales son: huevos, sesos, chorizo, tocino entreverado o jamón, manteca de cerdo y para completar, hacemos un revuelto con todo ello. En la actualidad se utiliza aceite de oliva más que la manteca de cerdo, o las dos cosas, también aparece en muchas recetas como ingrediente, la sangrecilla e incluso los riñones.
Como decía anteriormente, ni el nombre, ni el origen de este plato se conoce muy bien, plato muy similar, que también se prepara en la vecina Portugal, denominado “Omelete de Mioleira”.
Existen diversas conjeturas sobre su origen y nombre, antes de que lo mencionase Cervantes en el Quijote, no apareciendo, en escritos, ni referencias, ni mención al mismo, en ningún sitio. Algunas teorías, acercan su origen a algún labrador, que, al sufrir la muerte de alguno de sus animales, como el burro, la vaca, el cordero o el caballo, aprovechan sus carnes para preparar un guiso con arto dolor, con “Duelos y Quebrantos”. Nos cuentan los eruditos, que era costumbre en algunos lugares de La Mancha, que los pastores llevaran a casa de sus amos, las reses que entre semana se morían o sufrían alguna lesión, de cuya carne deshuesada y seccionada, se hacían tasajos (pedazos de carne seca y salada, para que se conserven). De estas carnes y sus huesos se componía la “Olla”, a la que se le llamó “Duelos y Quebrantos”, con sentida alusión al duelo que causaba
Para una viuda cuitada,
triste, mísera viuda,
huevos y torreznos bastan,
que son “duelos y quebrantos”.
