
Dentro de la Península, el primer plato que aparece como tal es la “Olla Podrida”, que cautivó a Sancho Panza, el fiel escudero del Quijote de la Mancha. A Sancho le tira el guiso tribal, guiso antiguo, de sus antepasados y cae arrebatado ante las bondades de la “Olla Podrida”: “Lo que el maestro Sala puede hacer es traerme éstas que llaman “Ollas Podridas”, que mientras más podridas son, mejor huelen, y en ellas puede embaular y encerrar todo lo que el quisiere, como sea de comer, que yo se lo agradeceré, y se lo pagaré algún día; y no se burle nadie conmigo, porque somos, o no somos: vivamos todos y comamos en buena paz y compañía, pues cuando Dios amanece, para todos amanece”.
La “Olla Podrida” es citada por primera vez en idioma castellano a principios del siglo XVI por el monje franciscano Fray Antonio de Guevara, cronista de Carlos V. Algunos historiadores han querido ver en la “Adafina” hebrea el inicio de la “Olla Podrida”. Denominada podrida porque todos sus ingredientes, empezando por el carnero, la vaca, gallina, capones, longanizas, cerdo, ajos y cebolla, se cuecen muy lentamente, hasta que están tan hechos que prácticamente estén desechos, como la fruta que madura demasiado.
Esta olla, está considerada como el padre de todos los cocidos regionales, e hispanoamericanos, plato español por excelencia, en el que se aúnan las tres culturas, la judía, musulmana (exceptuando el cerdo) y la cristiana.
La “Olla Podrida”, está considerada como el monumento culinario más importante del Renacimiento europeo, “la Princesa de los Guisos” como la llamaba Calderón de la Barca, y a la que Miguel de Cervantes la definió como la culminación del arte culinario hispano-medieval y la plasmación más acertada de nuestra cocina. Las plumas más insignes del siglo de Oro como Lope de Vega, Cervantes, Calderón de la Barca, o Quevedo elevaron a la “Olla Podrida” a la categoría de mito. Hay que tener en cuenta de cómo y por qué de este nombre tan especial. Empezaremos por la olla, que simboliza el vientre materno en todas las mitologías, la olla en la que todo se “Cuece” y “Pudre”. Es el símbolo de la vida y del nacimiento, el máximo de la cocina. Y así la considera Levy-Strauss: “Es el símbolo de la generación de la vida y del vientre materno”. José Carlos Capel escribe de ella: “Nacida en el imperio más vasto de la tierra, quedó configurada, desde su misma gestación como un verdadero imperio de carnes, legumbres y hortalizas”.
