
Las patatas en sus inicios comenzaron a comerse asadas, conocidas como: “las viejas chuletas de huerta”. Se vendían por las calles, como ahora se hace con las castañas. Desde entonces hasta nuestros días la patata ha formado parte de infinidad de guisos, frituras, acompañamientos, incluso dulces y hasta helados. ¿Pero, a que se debe todas estas virtudes?, aquí está la cuestión. La patata, es como una esponja y, al igual que el pan o el arroz, absorbe todos los sabores. Cuando la combinamos con pescado sabe a pescado, cuando es con carne a carne, con verduras, frutas, dulces, etc. Lógicamente sabe a lo que acompaña. Si ponemos una cama de patatas panadera en el fondo de un asado estarán muy ricas y sabrán a cordero, lechazo o a lo que se ase. Los exquisitos y sublimes purés de patata francesa saben exclusivamente a sus acompañantes, mantequilla, leche, nuez moscada y un poquito de sal. Las únicas patatas, que se pueden salvar, aunque el tema es peliagudo, son las fritas, pero ojo con las fritangas.
Una de las pocas fórmulas para disfrutar del sabor genuino de la patata es con la preparación de las ‘patatas a la alavesa’. Pero no se alarmen por su sencillez y pruébelas. Para su preparación, es condición imprescindible que la patata sea de buena calidad y de cocer ¿ojo!, no para asar En primer lugar, echar en agua hirviendo unas patatas peladas, cascadas y un poco de sal. Cuando estén blandas y en su punto, poner una sartén en el fuego con unos cuadraditos de tocino sin beta, aplastar con un tenedor hasta que suelten toda la grasa, apartar del fuego y añadir una cucharada de pimentón. Remover y verter en el puchero con las patatas, remover de nuevo y a disfrutar del sabor de la patata.









