
Es curioso, como el tiempo borra realidades que, en la actualidad, nos parecen inverosímiles, y el gato se comió. Yo recuero en Vitoria en la calle Castilla un bar que preparaba un guisote de gato, pero no engañando por aquello de gato por liebre, no. Como una de sus especialidades.
El gato como decía, por aquello del refrán de darlo por liebre (dicho que ha llegado hasta nuestros días, como algo engañoso) ha tenido muy mala imagen. Sin embargo, retrocediendo en el tiempo, durante toda la Edad Media y durante siglos, era bocado muy solicitado sobre todo entre las clases humildes.
Según la leyenda, la diosa Diana creó el gato para poner en ridículo al león creado por su hermano Apolo. Otra leyenda árabe rememora que el gato doméstico fue el fruto de una pasión antinatural morbosa entre el mono y una leona.
Y para muestra un botón. Una curiosa receta de asado de gato:
“El gato que esté gordo tomarás; y degollarlo has, y después de muerto cortarle la cabeza, y echarla a mal porque no es para comer, que se dice que comiendo de los sesos podría perder el seso y el juicio el que lo comiere. Después desollarlo muy limpiamente, y abrirlo y limpiarlo bien; y después envolverlo en un trapo de lino, limpio y soterrarlo debajo de tierra donde ha de estar un día y una noche; y después sacarlo de allí y ponerlo a asar en un asador; y asarlo al fuego, y comenzándose de asar, úntalo con buen ajo y aceite, y en acabándolo de untar, azotarlo bien, con una verdadera verdasca (rama verde o tierna); y esto se ha de hacer hasta que esté bien asado, untándolo y azotándolo; y cuando esté asado cortarlo como si fuese conejo y cabrito y ponerlo en un plato grande, tomar del ajo y aceite desatado un buen caldo de manera que sea bien ralo (bien separado), y échalo sobre el gato y puedes comer de él porque es muy buena vianda” (del libro “La cocina medieval. Josep Llanolosa ”)









