Nunca sabremos con exactitud, porque se domesticaron las gallinas. Probablemente, por su prolífica producción de huevos, más que por su carne, y sobre todo, teniendo muy en cuenta, que aunque algunas gallinas solo ponen un numero determinado de huevos cada vez, pero, otras, por el contrario, siguen poniendo hasta que se llena el nido o su espacio de recogimiento. Es más, en algunos casos si un ladronzuelo se lleva un huevo, la gallina pone otro para remplazarlo o compensarlo y así puede seguir…
Se sabe que desde que los humanos dominaron el fuego, asaban huevos de ave, los cuales, se asaban y bien asados, hasta el punto de que Shakespeare cuente como llaman a Corín: “Maldito, como un huevo mal asado, solo por un lado”
Nunca sabremos con exactitud, porque se domesticaron las gallinas. Probablemente, por su prolífica producción de huevos, más que por su carne, y sobre todo, teniendo muy en cuenta, que aunque algunas gallinas solo ponen un numero determinado de huevos cada vez, pero, otras, por el contrario, siguen poniendo hasta que se llena el nido o su espacio de recogimiento. Es más, en algunos casos si un ladronzuelo se lleva un huevo, la gallina pone otro para remplazarlo o compensarlo y así puede seguir…
Se sabe que desde que los humanos dominaron el fuego, asaban huevos de ave, los cuales, se asaban y bien asados, hasta el punto de que Shakespeare cuente como llaman a Corín: “Maldito, como un huevo mal asado, solo por un lado”
Los humanos somos mamíferos, una palabra que significa “animales con mamas”, y el primer alimento con el que todos empezamos nuestra vida, es la leche. Alimento generado por la madre desde el mimo momento de nacer. Motivo por el que nuestros primeros antepasados según van creciendo y estoy hablando de hace unos 300 millones de años, adoptaron, la vaca, la oveja y la cabra como amas de cría. Estos animales realizaban y realizan el milagro de transformar la hierba y paja en alimento humano. No es de extrañar que la leche cautivara la imaginación de muchas culturas.
En el año 1944 no estaban las cosas como para tirar comida precisamente, así que las materias primas se aprovechaban al máximo. Como decía Irigoyen, “de los dentros del cordero se hacen platos sabrosísimos y muy castizos”. Entre ellos destaca la “Frikacha”.
La “Frikatxa” es un revuelto hecho a base de huevos, intestinos, sangrecilla y mollejas, también llamads litiruelas (glándulas de animales jóvenes) de cordero. Elaboración: El intestino bien limpio y troceado al igual que la sangrecilla y las mollejas. Freír en aceite de oliva todos los ingredientes y sazonar con un poco de sal gprda y pimienta negra recién molida. Reservar en un bol. Batir los huevos, echar en el bol y remover.
Poner una sartén con aceite de oliva a fuego medio, cuando esté caliente añadir todo el contenido del bol y remover con una cuchara de palo. Cuando esté cuajado el huevo, servir sobre una bandeja previamente calentada y a la mesa.
El vino, tomado con prudencia, tiene efectos beneficiosos para el organismo, porque el tanino que procede de la piel y las pepitas de uva, ayudan a la digestión de alimentos y el alcohol etílico que contiene actúa como antiséptico y puede evitar infecciones intestinales.
El vino, tomado con prudencia, tiene efectos beneficiosos para el organismo, porque el tanino que procede de la piel y las pepitas de uva, ayudan a la digestión de alimentos y el alcohol etílico que contiene actúa como antiséptico y puede evitar infecciones intestinales
Se trata de un túnel que atraviesa una montaña de roca y está ubicado en un entorno espectacular. Lugar histórico por el que han transitado a lo largo de los siglos miles de peregrinos, comerciantes, mercaderes, trovadores, escritores, pobres, gente de mal vivir y reyes.
El túnel de San Adrián, horadado en la peña que lleva su nombre, solo mide unos 70 metros de largo, pero alberga en su interior la ermita o capilla de San Adrián que data del siglo XI y también albergo una taberna – hostelería y hospital regido por una gruesa y simpática mesonera, que contaba con una nutrida clientela generalmente muy animada, como el resto del túnel, siempre repleto de juglares y mendigos pidiendo limosna.
Hasta él túnel, llega una calzada medieval que deja muy clara su importancia como vía de comunicación en el pasado, con lo que podríamos considerar al túnel de San Adrián, situado justo en el límite entre los pueblos de Zalduondo (en Álava) y Zegama (en Gipuzkoa), como la frontera “parada y fonda” obligada, en el camino de Francia o Europa a la Villa y Corte o a toda la Península.
La iglesia parroquial de Añua (Álava), a escasos 14 Km. de Vitoria-Gasteiz, está dedicada a la Natividad de Nuestra Señora. De estilo románico s. XIII, cuenta con uno de los ábsides de arte medieval más ricos que tenemos en Euzkadi. A destacar los ventanales plagados de decoración, que presentan muchos elementos románicos, así como una serie de pinturas medievales (descubiertas hace pocos años) que cubren las bóvedas y parte de los muros de la cabecera.
En estos tiempos que corren, no sé si lo más correcto es hablar de la sal, cuando el cuerpo médico está advirtiendo de los riesgos de su excesivo consumo. Sin embargo, décadas de investigadores no han sido capaces de presentar evidencias convincentes que confirmen esto. Repito, el exceso no es bueno en nada.
Lo cual me anima a escribir sobre un producto, que posiblemente no haya hecho historia, pero ha contribuido a ella. La única “roca” comestible, la “sal gema” o sal de roca. Gema significa piedra preciosa y la sal, patrimonio cultural, merece el sobrenombre de: “el oro blanco”. Como no voy a hablar o escribir de la sal, si es, hacerlo, ni más ni menos que del primer producto o condimento, del primer conservante utilizado por el hombre. Y obviamente, de una manera muy especial e indiscutible, de la más antigua de las artes en la cocina. Pero también, ha sido protagonista de momentos importantísimos de la historia ser humano. Y es que, como dice el dicho: “Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el mar”. Ya Isidro de Sevilla afirmaba: “No hay nada más necesario que la sal y sol”.Homero, s. VIII a. C se refería a ella como “sustancia divina”. Un día al entrar en el Senado el emperador Claudio, s. I a. C., exclamó: “Padres conscriptos, decidme, os lo ruego… ¿Se puede vivir sin carne salada?”
Y yo, como buen alavés, me siento obligado al hablar de la sal, de hacer historia con una de nuestras joyas más importantes, Salinas de Añana, la villa más antigua de Álava a 30 km. de Vitoria – Gasteiz, donde se encuentra una de las sales más antiguas del mundo, con sus más de 6.500 años de historia. El “oro blanco” como sabiamente la han llamado, la encontraron los romanos en el mar y a su llegada a Álava la encontraron, tierra adentro, en los manantiales de agua salada de Salinas de Añana, que los romanos llamaron Salionca, para posteriormente llamarse solamente Añana. La sal era todo para los romanos, no solo el primer condimento y conservante de la cocina, sino también una necesidad del organismo, tan necesaria como el agua. No olvidar, que la ausencia de sal, más que la de agua, puede conducir a la deshidratación. Isidro de Sevilla afirmaba “no hay nadamás necesario que la sal y el sol”.