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Hay que reconocer que los principales artífices del interés o el placer de degustar vino, han sido los monjes. Obviamente, ese gran interés por el vino, está marcado principalmente e indiscutiblemente por la necesidad de él para las celebraciones eclesiásticas, iniciándose en el cultivo de las viñas en los propios monasterios o en sus proximidades. Pero, tenemos que retroceder en el tiempo para conocer los comienzos de una bebida tan popular, fruto (nunca mejor dicho) de la uva. La Biblia nos cuenta como Noe desembarcó de su arca, encontró una viña, probó el líquido producido al exprimir las uvas y perdió la verticalidad, ósea, se emborracho. A mi esta historia nunca me ha encajado, puesto que, si tomo zumo de uva sin fermentar, estoy bebiendo mosto, y éste no emborracha, a no ser ¡ojo¡, que se haya dejado reposar en los granos de uva y así fermenta su jugo, es el caso del llamado vino joven. Pero, conozcamos un poco mejor esta apasionante historia.
Historiadores más explícitos, nos cuentan como la Biblia dice que el arca de Noé desembarcó a unos 60 kilómetros del monte Ararat en el norte de Egipto y. “Después del diluvio, Noé comenzó a cultivar la tierra, y plantó una viña. Un día, bebió un poco de vino que había hecho, y se embriagó y quedó desnudo dentro de su carpa” (Gen. 9:20-21). La historia del arca contada en el Génesis está basada en dos fuentes originalmente casi-independientes, y no alcanzó su forma presente hasta el siglo V a. C..
En enero del año 2011, arqueólogos trabajando en Armenia (Europa Oriental) en una red de cuevas, anunciaron el descubrimiento de la instalación más antigua conocida para la producción de vino de uva, encontrándose entre otras cosas, con frascos de fermentación, una cuenca de unos 15 galones para pisar la uva, y con los restos de uvas trituradas, hojas y sarmientos. La edad de las cuevas de Armenia se calculó en unos 6.100 años. Considerándose como el centro de producción de vino más antiguo conocido. Pero la evidencia más antigua de las uvas para producir vino se encuentra en las montañas de Zargos en Irán en donde se han recuperado residuos químicos con 7.400 años de antigüedad.
