Y cura muchas enfermedades. Con 4.000 años de historia

La col, repollo o berza, son las denominaciones más comunes de una de las hortalizas que, en la actualidad, la verdad sea dicha, no está muy apreciada y poco valorada, cuando por el contrario ha sido a lo largo de la historia y durante siglos la más consumida.Originaria del Asia Menor, sobre el año 600 a. C., se extendió a Europa, a través de grupos de peregrinos celtas.
Roma, la Ciudad Eterna se convirtió en la potencia más importante de la Edad Moderna, acaparando los mejores productos alimenticios que se producían en el mundo. Destacando las coles o berzas como las más apreciadas. Catón el Viejo político romano del año 34 a. de C., consideraba a la col como una verdadera panacea y decía que los romanos habían podido prescindir de los médicos durante siglos por el gran hábito que tenían de consumir berza. Ahí queda eso. Comida cruda aderezada con vinagre o cocida con un poco de aceite, cura todo mal. Son muchas las virtudes de esta modesta hortaliza comentaba el Viejo Catón, como prevenir la borrachera o las indigestiones: “Si queréis beber mucho y comer con buen apetito, tomad antes de llegar a la mesa tres hojas de col y tendréis el aire de estar en ayunas, aunque hayáis comido y bebido tanto como era vuestro deseo”.
Considerada como la verdura-hortaliza de los más humildes, pero, que a todo el mundo gusta. La col es una de las hortalizas que tiene más propiedades saludables para el organismo humano, ya que además de aportar vitamina C, contiene aminoácidos, fibra, y tiene un gran poder diurético.
Durante un mes, bebe todas las mañanas un centrifugado preparado con 4 hojas de col y una manzana: cura las lesiones gástricas, elimina la acidez y también el efecto anti-úlcera.
La humilde berza me parece merecedora de todo tipo de elogio y reconocimientos, así sólo sea por los cuatro mil años de historia con los que cuenta
Y quiero terminar con un recuerdo a quien fue mi gran amigo Víctor Manuel Sarobe Pueyo, haciendo mención a uno de sus escritos donde nos cuenta cómo la berza debe cocerse siempre descubierta y, con mucha agua, para que se eliminen los glucósidos sulfurados, que son los que excitan las contracciones intestinales, y no dejar de remover con una cuchara de palo.
