SARDINA ASADA, NUNCA CON TENEDOR Y…      

          En primer lugar, y primordial, la sardina tiene que ser recién pescada, o lo que es lo mismo, super fresca. Cuando las sardinas llegan a puerto, escoges unas cuantas, a continuación, las pones sobre una superficie plana, les echa por encima una montaña de sal y las dejas así dos o tres horas. A estas sardinas, no se les quita las escamas, ni se les saca las tripas. Transcurrido el tiempo de salado, amorosamente, se van cogiendo las sardinas, una a una y se colocan en una parrilla, bajo la cual, y a la debida altura tenemos un lecho de brasas con el mínimo calor, para que las sardinas se vayan asando poco a poco. Tan pronto como este asada, por un lado, la vuelves, y cuando esté asada por los dos lados, las coges delicadamente con los dedos y la colocas sobre un cachelo (patata cocida típica de la cocina gallega) o en su defecto, podríamos sustituirla por una pequeña rodaja de pan, pero nunca utilizando el tenedor (sacrilegio) y siguiendo esta regla de oro: para cada cachelo una sardina y para cada sardina un vaso de vino o, un trago de vino.  

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