
El término soufflé proviene del verbo “souffler”, quiere decir ‘soplar‘. A su vez, este verbo es una adaptación del verbo latino “sufflare” (soplar sobre).
El soufflé es una preparación de la cocina francesa, que podemos situarla entre el siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX. Según la historia, fue creado en la corte del rey Luis XIV por su chef que cocinó para las mujeres. Este postre aparece en el menú de los restaurantes de los grandes hoteles y restaurantes de la Belle Époque. Su preparación más popular y conocida es dulce, sirviéndose como postre y generalmente flambeado con un licor, justo en el momento de ponerlo sobre la mesa.
El soufflé se hace al horno en donde se produce un crecimiento por la acción del calor de las claras del huevo batidas, su principal ingrediente, que se dilatan hasta el doble de su volumen inicial. Por este motivo, el recipiente no debe llenarse más de ¾ de su capacidad. Un buen soufflé, cuando tiene las claras bien batidas a punto de nieve, crecerá por encima de los bordes del recipiente en el que está siendo cocinado. Lo cual no es un defecto, todo lo contrario, es una virtud.
