
Las habas, son una de las legumbres más antiguas del mundo. Su origen no está claro, pero, parecen proceder desde hace más de 10.000 años de Oriente Próximo o bien de Asia Menor, y difundidas, por Egipto, Grecia, Roma y posteriormente, por Europa y América. El pueblo egipcio fue pionero en el empleo de ciertas hierbas aromáticas, tales como el anís, el perejil y el comino, rindiendo a la cebolla una especie de culto, lo mismo que a las habas, legumbre por la que sentían autentica fascinación. Y curiosamente, con el tiempo la historia cambió de tal forma, que se las considero como una legumbre impura, debido a la creencia de que escondía las almas de personas difuntas, por lo que hay numerosas supersticiones relacionadas con ellas.
Las habas han estado envueltas en alucinantes leyendas, pasaron de ser un producto de gran entusiasmo en su consumo, a ser totalmente rechazadas, llegando a llamar al lugar donde reposaban los muertos como, “Campo de Habas”, esta creencia dio lugar a que los egipcios dejasen de consumirlas durante muchos siglos.
Los romanos, no lograron librarse de la superstición. Es así que, en los días dedicados a Júpiter, no se permitía comer ni mencionar a las habas, consideradas alimento funerario, y por tanto de mal augurio.
Y después de lo visto, resulta curioso, como a los alaveses se nos conoce como “Babazorros”, palabra que proviene del euskera, donde “baba” significa “haba” y “zorro” “saco”, por lo que se interpreta como “saco de habas”, también como “costal de habas” y por supuesto como, “comedor de habas”. Y a mí, me encantan, pero ojo, insertando en el tenedor, por cada tres habas, un taquito de jamón.
