Tapas, pinchos, banderillas y cocina en miniatura

Banderilla «Gilda»

Vamos a iniciar nuestro relato aclarando o más bien diferenciando lo que son, expresan o dicen estas palabras, que las podemos definir como bocados de carácter independiente o pequeñas comidas caprichosas, que incluiría en lo que se ha conocido y se sigue conociendo como: “picotear”, que según el diccionario de la lengua española es: “Tomar una pequeña porción de un manjar o cosa comestible”. – ¿Cenamos o picoteamos?, o ¿picoteamos algo antes de cenar?

Comenzaremos por el más antiguo de todos ellos, lo que se conoce como “tapa”. Acompañante imprescindible e inseparable del vino durante muchas décadas ha sido la “tapa”. Muy típico y muy habitual ha sido “el tapeo”. Cruz Cruz nos sitúa en el siglo IX el inicio de esta costumbre. Ésta se debe a que, en las ventas y mesones, conductores de carruajes bebían en exceso, lo que determinaba consecuencias que podían ser peligrosas para los viajeros. Para evitarlas, se dispuso por ley, que las jarras de vino fuesen acompañadas de algo de comer, normalmente de una loncha de tocino pernil que se disponía tapando la boca de la jarra, de ahí lo de tapa y tapeo. Esta costumbre se acentuó años después en los días de precepto, en los que a continuación del oficio religioso, mientras las mujeres preparaban la comida del domingo, los hombres en cuadrilla visitaban unos cuantos tascas o tabernas tomando vinos, acompañados de su correspondiente tapa, generalmente un embutido, que ya no tapaba la jarra, pero, acompañaban a los caldos para poder sobrellevar mejor las perfumadas que generaban estas rondas o tapeos.

Ahora bien, cuando interviene el palillo, entramos en el mundo de los pinchos, y cuando el palillo lleva insertado a modo de brocheta, el rojo agresivo del pimiento, la aceituna, pepinillo, huevo duro, etc., etc., etc., en el que destaca principalmente el color rojo o verde del pimiento, que le da ese carácter de bandera o banderilla torera, en este caso se conoce como “banderilla”. Siendo la más famosa de todas las famosas, la conocida como, “Gilda”, toda una leyenda urbana, bautizada con este nombre, por la homónima película estadounidense, protagonizada por Rita Hayworth y Glem Ford en el año 1946. Un auténtico escándalo en aquellos tiempos y motivo de excomunión por algunos sectores al que fuera a verla.  La banderilla “Gilda” compuesta por una guindilla de Ibarra encurtida, una anchoílla en aceite y una aceituna rellena, era tan picante como la famosa película. La susodicha banderilla, tiene de picante lo que las guindillas de Ibarra, pican.

En el momento en que interviene la salsa en un pincho, lleva el complemento del pan, que además de acompañar, servirá para impedir que la salsa se derrame. En el caso del palillo en un pincho de tortilla, su utilización tiene una doble función, la de sujetar y servir de base y complemento a una rodajita de pan, que evitara su desmoronamiento, estabilidad y mejorar su acceso. En el caso de la morcilla y el chorizo frito, el palillo es imprescindible para poderla coger, soplar y no quemarnos. Aunque en estos casos, comienza a ser necesaria la utilización del tenedor, incluso, el cuchillo, y por supuesto de la servilleta.

Dentro de las cosas de picar, hay que hacer un apartado a todo aquello que pueda y deba cogerse con los dedos índice y pulgar, aunque requiera el posterior uso de la servilleta y yo diría que incluso en algunos casos del babero. Empezaremos por la reina de las cosas de picar, la aceituna, con hueso o desalmada, es decir sin hueso.    

Le siguen las croquetas, las empandillas, los cangrejos de río que gracias a Dios o a las piscifactorías, cada día los encuentro más en Burgos por poner un ejemplo, y que además de los dedos y antes de quebrantar su esqueleto, es de ley chuparlos sin la menor contemplación de los pies a la cabeza o, si prefieres del bigote a la cola. Otro picoteo en donde intervienen los dátales y cada día más arraigado en ciertas zonas, son las ancas de rana, sin más rebozadas o a la bordelesa, y que, en ciertas zonas de Vitoria, se venden al módico precio de 1 o 2 €., y, si la acompañas de un excelente vino joven de Rioja Alavesa, por 2 o 3 €., el total, estarás casi a las puertas del cielo. Y por supuesto no puedo olvidarme de la inigualable gamba, y muchos más ejemplos que existen a lo largo y ancho de nuestra amplia geografía.

Dejo para el final el último invento del picoteo “la cocina en miniatura” o las mini raciones de alta cocina, o de cocina vanguardista, o preparados en reducidas dimensiones o “mini receta” como las llama muy acertadamente Rafael Ansón.

Las tapas y los pinchos dieron paso a finales de los 80 a una auténtica revolución de las banderillas, de mayor complejidad, alcanzando proyecciones internacionales las barras de los bares de Vitoria-Gasteiz, Bilbao y San Sebastián, capital mundial de la banderilla. En el año 1989 la Cofradía Vasca de Gastronomía lanzo un concurso de banderillas. Concurso que sirvió para que muchos de los bares se planteasen la necesidad de pensar en nuevos productos y preparaciones. Y así fue. Se potencio la creatividad con presentaciones y elaboraciones sin precedentes. La revolución en cuanto al picoteo se refiere, estaba en marcha. Había nacido lo que se llamó “mini cocina”, llegándola a denominar por algunos con ironía: “cocina bonsái”.

Esta cocina se ha extendido por todo el Estado y en la actualidad, sin exclusiones, en muchos bares continúan las banderillas de siempre y además se elaboran auténticos platos de alta cocina, construcciones y deconstrucciones gastronómicas con presentaciones más acordes con platos de “cocina en miniatura” que, con el picoteo, cocina con la que sobre todo los jóvenes comen o cenan y, donde se precisa del cuchillo, tenedor, servilleta y en muchos casos de la tarjeta de crédito. Pero, no estoy de acuerdo en que se las denominen: tapa, pincho o banderilla.

De la cerveza a la sidra o de la sidra a la cerveza

Ya en el siglo I, el geógrafo e historiador Estrabón (64 a.C.), nos habla de los hábitos alimenticios de las gentes del Norte: “Todos estos habitantes de la montaña son sobrios, duermen en el suelo, llevan cabellos largos al modo femenino, se alimentan de bellotas que cuando estaban secas las trituran, se muelen y hacen pan, beben “Zytohos”, cerveza en griego al igual que Estrabón. Y aquí se inician mis dudas. En mi primer libro, publicado hace catorce años escribía: “El escritor griego, confundiría por el color, la cerveza, por sidra que era la bebida habitual de la gente del Norte”. Con el transcurso de los años, mis opiniones han cambiado.

La manzana, no es una fruta autóctona, proviene de los bosques Tian Shan; una zona límite entre China, Kazajistán y Kirguistán. Con las expediciones a América, la manzana arribó a las colonias de lo que actualmente es Estados Unidos y se extendió por todo el territorio, hasta llegar a nuestras tierras.

Al parecer, y según algunos historiadores, la manzana entro muy tarde en nuestros lares. Fue introducida en la península por los romanos y los árabes, dato este que me queda muy justo ya que Estrabón, 60 a.C. escribe: “Los astures también usan sidra, pues tienen poco vino”.  Por contra el arqueólogo e historiador alavés Ismael García Gómez, me comentó, que la manzana es relativamente joven en nuestra historia, en sus excavaciones arqueológicas, no se habían encontrado resto alguno de manzana.

La manzana más antigua o reciente, ha sido y es, el fruto más famoso y simbólico a lo largo de la historia, cargado, anécdotas y curiosidades. Comenzando por el libro del Genesis, que nos ilustra como Eva le ofreció a Adán la manzana y Dios les expulso del Paraíso por probar el fruto del árbol del conocimiento. La tradición judeocristiana nos habla del mórbido mordisco de la fruta entre una mujer y una serpiente.

Del mismo modo, la mitología griega cuenta como la manzana introdujo la discordia entre los dioses griegos, que finalizo con la destrucción de Troya de la vengativa Atenea. La diosa Eris, divinidad de la discordia, enojada por no haber sido invitada al evento, hizo acto de presencia y arrojó una manzana de oro en medio de la reunión. “Para la más bella”. Atenea y Heracles (480-470 a.C.)

La malvada madrastra y bruja de Blancanieves, envenena a su propia hijastra la princesa Blancanieves, con una manzana roja y envenenada.

“APPLE” utilizo como logo la manzana.

La historia más difundida y conocida en época más actual, es la manzana de Newton.

       Newton sentado bajo un árbol, pensando, cuando una manzana le cayó en la cabeza y le dio la primera idea de su futura ley de la gravedad. Movimiento conocido como el “aureka” de Newton (1643 – 1727).

También la palabra “manzana”, se relaciona con el lugar donde tiende a acumularse la grasa en el cuerpo de los machos y las hembras. En el caso de ellas, por lo general se suele concentrar alrededor de las caderas (cartucheras), cuyo resultado es una forma de “pera”, como popularmente se le conoce. En elcaso de los hombres, la grasa acostumbra a instalarse en torno al abdomen (tripa cervecera), lo que le da, una forma de “manzana”. Los estudiosos del tema y doctos en la materia, han sacado la conclusión, que el más saludable ser “pera” que una “manzana”

No sé si por este motivo, los celtas consideraban y en muchos casos siguen considerando al manzano como el árbol del amor y a la manzana como la fruta de la suerte.

La cebada

Con el transcurrir de los años, reflexiono y saco mis propias conclusiones. ¿Y por qué no fue cerveza lo que bebían nuestros antiguos pobladores? En primer lugar, porque se utiliza la palabra “Zytohos”, cerveza, y, en segundo lugar, porque la cebada,probablemente, seael cereal más antiguo que el hombre cultivó. Algunos autores apuntan su origen, descubrimiento y ser los primeros consumidores de la bebida elaborada con cebada y fermentada, denominada Zytohos, a los Sumerios procedentes del sur de Babilonia, hace 6000 a.C.

Muchos historiadores dan la supremacía de la cerveza al pueblo egipcio, dato erróneo al parecer, los egipcios no hicieron sino retomar y desarrollar las técnicas de los mesopotámicos. De lo que sí ha quedado constancia histórica   es que, para los egipcios, la cerveza era un don divino colocado bajo la protección de Isis (diosa de los cereales) y de Osiris (patrono de los cerveceros), considerada como una bebida ceremonial vinculada al culto de los muertos[1]

Tanto babilonios como egipcios, están considerados como los padres de la cerveza, representantes de un saber y de la tecnología que se necesitaba para lograr una fermentación.

En la Península Ibérica, la cerveza comienza a beberse con los pueblos íberos que la consumían habitualmente. Este consumo se conoce, gracias a los   vasijas encontradas, en las excavaciones arqueológicas del valle de Ambrona (Soria) que datan de hace 4400 años, que aún conservaban restos de cerveza, así como en Genó (en la provincia de Lérida) de 1100 a C.789

La cerveza siendo popular en los pueblos celtíberos, pasa por dejar de serlo durante el periodo de romanización, cediendo su protagonismo al vino principalmente y a la sidra en menor cuantía.

Es curioso observar, como la introducción del vino por los romanos, hizo que la cerveza desapareciese de toda la península, pasando a ser una bebida desconocida en España y rechazada totalmente por los españoles por aquello de ser una bebida de flamencos (Flandes) y tudescos (pueblos germanos).

Con el reinado de Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558), cambio totalmente el panorama. El emperador, era un gran aficionado a la cerveza, hasta el punto de beberse de un trago un litro. Su hijo Felipe II introdujo la fabricación artesanal de la cerveza, convirtiéndose a lo largo del siglo XVII en la bebida indispensable a la hora de agasajar a los diplomáticos extranjeros y a los huéspedes del monarca, por el contrario, los españoles, seguían sin acostumbrarse a ella (2).

Pero no será hasta mediados del siglo XX con la aparición del turismo, cuando la cerveza se convierte en una bebida popular y de uso frecuente. Hasta llegar a nuestros días, que podríamos decir, es la bebida favorita de nuestro país.

Como cambia con los tiempos Don Marcelinó. Los bárbaros (germanos, alemanes, escandinavos, etc.), en los años 500, tenían unas costumbres totalmente diferentes a las nuestras, en lo que a alimentación se refiere, entre las se encontraban principalmente; la carne frente al pan, la mantequilla frente al aceite y la cerveza frente al vino. Hoy en día, las bodegas en general, estarían pasándolas canutas si no fuera por la exportación, ya que el consumo nacional está cayendo en picado. Si pasamos por delante de una terraza de bar o miras su barra, raro es ver en ellas un vaso con vino, o una botella con el venerable líquido, siéndo lo más habitual, cerveza y, curiosamente los bodegueros compensan esta bajada del consumo con sus correspondientes pérdidas, gracias a las exportaciones a tierras vikingas entre otras, y bien venidas sean. En mi último viaje a Sudáfrica, aparte de sorprenderme la alta calidad de sus vinos, más sorpresivo fue, ver las terrazas, los bares y obviamente los restaurantes en los que la bebida predominante, por no decir única, era el vino, tinto o blanco, pero vino. Que envidia.

2          A la mesa con los reyes de España. Mª Emilia González Sevilla. Edic. Temas de Hoy S.A.- Madrid 1999

CONCLUSIÓN: Es curioso, los giros que da la vida, hemos visto como desde hace más de 4000 años y según mis propias conclusiones, salvo honrosas excepciones, se bebía “Zythos” ósea, cerveza. Con la llega de de los romanos, cambia totalmente él panorama, y se bebe vino, desapareciendo la cerveza. Y así, hasta la llegada del siglo XX en que la bebida procedente de la fermentación de la cebada, se convierte en una bebida popular, y ya metidos en pleno siglo XXI, como la bebida favorita o preferida del país.            


[1] Duboë Philippe. El libro del amante de la cerveza Ed. José J. de Olañeta. Palma de Mallorca 1987.