¿Y DE LA ALUBIA PINTA ALAVESA QUE…?

          El otro día, escuchaba estupefacto en un medio de comunicación de alta difusión, como una nutricionista hablaba de las bondades de una dieta vasca y, citaba entre otros productos a las autóctonas y únicas alubias, las de Tolosa, obviando a las exquisitas alubias de Guernica y a la sin par Alubia Pinta de Álava.  

         Iremos por partes: las alubias si son autóctonas, pero de México, en donde se cultivan desde hace 7.000 años antes de Cristo. Los conquistadores españoles la descubrieron y degustaron con sumo agrado, y Cristóbal Colon a la vuelta de uno de sus viajes por América, se las ofreció a los Reyes Católicos como uno de los tesoros nutricios del Nuevo Continente, pero, su cultivo no tuvo en nuestro pueblo una gran acogida, hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX. Al parecer un indiano de Hernani llamado Percaiztegui trajo el maíz y al poco tiempo, otro indiano introdujo la alubia que emparejaba con el maíz, enroscándose en su caña como poste, ya que necesitaba de un soporte para agarrarse. Posiblemente esta tardanza en introducirse en nuestra tierra, fuera debido al gran arraigo que tenían las habas, alimento autóctono por excelencia, tanto de hombres como de los animales, por esta razón, sabiamente en euskera se les conoce por en nombre de “Babarrunak”, que viene ha decir algo así como, habas de lejos.  

          Existen cientos de variedades de alubias, y las tres que se cultivan en Euzkadi, mencionadas anteriormente, gozan del distintivo de Calidad Euzko Lavel a saber: Alubia de Guernica, roja granate moteado con pintas rojas. Alubia de Tolosa, de color marrón oscuro. Alubia Pinta Alavesa, con pintas rosáceas y escasa piel.

           La Alubia Pinta Alavesa, se cultiva principalmente, en las comarcas de la Montaña alavesa, cada año con mayor producción. Su cultivo en este caso es de mata baja, con un grano ovalado de pequeño de tamaño, con pintas rosáceas y escasa piel, lo que le da la característica una vez cocinadas de un caldo más fino y no tan espeso como el de las alubias de Guernica y Tolosa.

          A destacar de la Alubia Pinta Alavesa, su finura y delicadeza, no necesita ingredientes o acompañantes que desvirtúan su exquisito sabor. No es necesario ponerla a remojo.  Directamente a la cazuela. Sin olvidar que la Alubia Pinta Alavesa es una legumbre seca con un sabor exquisito e inigualable, que como digo anteriormente, no necesita ningún sobrecargo de grasa que desvirtúe su autentico sabor. Eso sí, un buen acompañante, una buena berza, cocida con mucho cariño, siguiendo los sabios consejos del refrán: “¿Por qué dura saliste, por que no me removiste?

¿Y DE LA ALUBIA PINTA ALAVESA QUE…?

          El otro día, escuchaba estupefacto en un medio de comunicación de alta difusión, como una nutricionista hablaba de las bondades de una dieta vasca y, citaba entre otros productos a las autóctonas y únicas alubias, las de Tolosa, obviando a las exquisitas alubias de Guernica y a la sin par Alubia Pinta de Álava.  

         Iremos por partes: las alubias si son autóctonas, pero de México, en donde se cultivan desde hace 7.000 años antes de Cristo. Los conquistadores españoles la descubrieron y degustaron con sumo agrado, y Cristóbal Colon a la vuelta de uno de sus viajes por América, se las ofreció a los Reyes Católicos como uno de los tesoros nutricios del Nuevo Continente, pero, su cultivo no tuvo en nuestro pueblo una gran acogida, hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX. Al parecer un indiano de Hernani llamado Percaiztegui trajo el maíz y al poco tiempo, otro indiano introdujo la alubia que emparejaba con el maíz, enroscándose en su caña como poste, ya que necesitaba de un soporte para agarrarse. Posiblemente esta tardanza en introducirse en nuestra tierra, fuera debido al gran arraigo que tenían las habas, alimento autóctono por excelencia, tanto de hombres como de los animales, por esta razón, sabiamente en euskera se les conoce por en nombre de “Babarrunak”, que viene ha decir algo así como, habas de lejos.  

          Existen cientos de variedades de alubias, y las tres que se cultivan en Euzkadi, mencionadas anteriormente, gozan del distintivo de Calidad Euzko Lavel a saber: Alubia de Guernica, roja granate moteada con pintas rojas. Alubia de Tolosa, de color marrón oscuro. Alubia Pinta Alavesa, con pintas rosáceas y escasa piel.

           La Alubia Pinta Alavesa, se cultiva principalmente, en las comarcas de la Montaña alavesa, cada año con mayor producción. Su cultivo en este caso es de mata baja, con un grano ovalado de pequeño de tamaño, con pintas rosáceas y escasa piel, lo que le da la característica una vez cocinadas de un caldo más fino y no tan espeso como el de las alubias de Guernica y Tolosa.

          A destacar de la Alubia Pinta Alavesa, su finura y delicadeza, no necesita ingredientes o acompañantes que desvirtúan su exquisito sabor. No es necesario ponerla a remojo.  Directamente a la cazuela. Sin olvidar que la Alubia Pinta Alavesa es una legumbre seca con un sabor exquisito e inigualable, que como digo anteriormente, no necesita ningún sobrecargo de grasa que desvirtúe su autentico sabor. Eso sí, un buen acompañante, una buena berza, cocida con mucho cariño, siguiendo los sabios consejos del refrán: “¿Por qué dura saliste, por que no me removiste?

¿Y DE LA ALUBIA PINTA ALAVESA QUE…?

          El otro día, escuchaba estupefacto en un medio de comunicación de alta difusión, como una nutricionista hablaba de las bondades de una dieta vasca y, citaba entre otros productos a las autóctonas y únicas alubias, las de Tolosa, obviando a las exquisitas alubias de Guernica y a la sin par Alubia Pinta de Álava.  

         Iremos por partes: las alubias si son autóctonas, pero de México, en donde se cultivan desde hace 7.000 años antes de Cristo. Los conquistadores españoles la descubrieron y degustaron con sumo agrado, y Cristóbal Colon a la vuelta de uno de sus viajes por América, se las ofreció a los Reyes Católicos como uno de los tesoros nutricios del Nuevo Continente, pero, su cultivo no tuvo en nuestro pueblo una gran acogida, hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX. Al parecer un indiano de Hernani llamado Percaiztegui trajo el maíz y al poco tiempo, otro indiano introdujo la alubia que emparejaba con el maíz, enroscándose en su caña como poste, ya que necesitaba de un soporte para agarrarse. Posiblemente esta tardanza en introducirse en nuestra tierra, fuera debido al gran arraigo que tenían las habas, alimento autóctono por excelencia, tanto de hombres como de los animales, por esta razón, sabiamente en euskera se les conoce por en nombre de “Babarrunak”, que viene ha decir algo así como, habas de lejos.  

          Existen cientos de variedades de alubias, y las tres que se cultivan en Euzkadi, mencionadas anteriormente, gozan del distintivo de Calidad Euzko Lavel a saber: Alubia de Guernica, roja granate moteada con pintas rojas. Alubia de Tolosa, de color marrón oscuro. Alubia Pinta Alavesa, con pintas rosáceas y escasa piel.

           La Alubia Pinta Alavesa, se cultiva principalmente, en las comarcas de la Montaña alavesa, cada año con mayor producción. Su cultivo en este caso es de mata baja, con un grano ovalado de pequeño de tamaño, con pintas rosáceas y escasa piel, lo que le da la característica una vez cocinadas de un caldo más fino y no tan espeso como el de las alubias de Guernica y Tolosa.

          A destacar de la Alubia Pinta Alavesa, su finura y delicadeza, no necesita ingredientes o acompañantes que desvirtúan su exquisito sabor. No es necesario ponerla a remojo.  Directamente a la cazuela. Sin olvidar que la Alubia Pinta Alavesa es una legumbre seca con un sabor exquisito e inigualable, que como digo anteriormente, no necesita ningún sobrecargo de grasa que desvirtúe su autentico sabor. Eso sí, un buen acompañante, una buena berza, cocida con mucho cariño, siguiendo los sabios consejos del refrán: “¿Por qué dura saliste, por que no me removiste?

   ¿LA GALLINA + POR SU HUEVO O POR SU CARNE?

           Nunca sabremos con exactitud, porque se domesticaron las gallinas. Probablemente, por su prolífica producción de huevos, más que por su carne, y sobre todo, teniendo muy en cuenta, que aunque algunas gallinas solo ponen un numero determinado de huevos cada vez, pero, otras, por el contrario, siguen poniendo hasta que se llena el nido o su espacio de recogimiento. Es más, en algunos casos si un ladronzuelo se lleva un huevo, la gallina pone otro para remplazarlo o compensarlo y así puede seguir…

          Se sabe que desde que los humanos dominaron el fuego, asaban huevos de ave, los cuales,   se asaban y bien asados, hasta el punto de que Shakespeare cuente como llaman a Corín: “Maldito, como un huevo mal asado, solo por un lado”       

   ¿LA GALLINA + POR SU HUEVO O POR SU CARNE?

           Nunca sabremos con exactitud, porque se domesticaron las gallinas. Probablemente, por su prolífica producción de huevos, más que por su carne, y sobre todo, teniendo muy en cuenta, que aunque algunas gallinas solo ponen un numero determinado de huevos cada vez, pero, otras, por el contrario, siguen poniendo hasta que se llena el nido o su espacio de recogimiento. Es más, en algunos casos si un ladronzuelo se lleva un huevo, la gallina pone otro para remplazarlo o compensarlo y así puede seguir…

          Se sabe que desde que los humanos dominaron el fuego, asaban huevos de ave, los cuales,   se asaban y bien asados, hasta el punto de que Shakespeare cuente como llaman a Corín: “Maldito, como un huevo mal asado, solo por un lado”       

  LOS HUMANOS SOMOS “ANIMALES CON MAMAS”

          Los humanos somos mamíferos, una palabra que significa “animales con mamas”, y el primer alimento con el que todos empezamos nuestra vida, es la leche. Alimento generado por la madre desde el mimo momento de nacer.  Motivo por el que nuestros primeros antepasados según van creciendo y estoy hablando de hace unos 300 millones de años, adoptaron, la vaca, la oveja y la cabra como amas de cría. Estos animales realizaban y realizan el milagro de transformar la hierba y paja en alimento humano. No es de extrañar que la leche cautivara la imaginación de muchas culturas.    

LA “FRIKATXA”, OTRA PARTICULARIDAD DE LA COCINA VASCA, QUE SE ESTÁ PERDIENDO

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          En el año 1944 no estaban las cosas como para tirar comida precisamente, así que las materias primas se aprovechaban al máximo. Como decía Irigoyen, “de los dentros del cordero se hacen platos sabrosísimos y muy castizos”. Entre ellos destaca la “Frikacha”.

          La “Frikatxa” es un revuelto hecho a base de huevos, intestinos, sangrecilla y mollejas, también llamads litiruelas (glándulas de animales jóvenes) de cordero. Elaboración: El intestino bien limpio y troceado al igual que la sangrecilla y las mollejas. Freír en aceite de oliva todos los ingredientes y sazonar con un poco de sal gprda y pimienta negra recién molida. Reservar en un bol. Batir los huevos, echar en el bol y remover.

          Poner una sartén con aceite de oliva a fuego medio, cuando esté caliente añadir todo el contenido del bol y remover con una cuchara de palo. Cuando esté cuajado el huevo, servir sobre una bandeja previamente calentada y a la mesa.