
La miel, ese elixir dorado, fluido, muy dulce y viscoso, producido por el incansable trabajo de las abejas. Su producción es un verdadero prodigio de la naturaleza. Para obtener tan solo un kg., de miel, una abeja necesita realizar un promedio de 200 mil vuelos, recolectando el néctar de innumerables flores o plantas.
La “Miel”, ha desempeñado un papel trascendental en la historia de la gastronomía. Ha sido utilizada desde hace miles de años en todo el mundo, ya sea como saborizante de brebajes, alimento o medicamento.
Su presencia en la cocina, como decía, se remonta a miles de años, siendo apreciada por diversas culturas por su sabor único y sus propiedades.
La miel ha sido reconocida y utilizada por los seres humanos desde tiempos remotos, debido a sus muchas propiedades, superando en poder a la caña de azúcar. Las primeras evidencias de su consumo se remontan al Mesolítico, alrededor del 6000 a. C., y se pueden encontrar representada en pinturas rupestres que dan a entender, que los humanos ya se tomaban la molestia de recolectar miel. También la encontramos en textos bíblicos, como los de egipcios y griegos, que consideraban la miel como un producto sagrado e incluso la utilizaban como forma de pago de impuestos. En la cocina de Grecia y Roma, la miel gozando de un gran prestigio, prestigio debido a su misterioso origen y a la creencia de que se trataba de una porción de cielo caída a la Tierra. Plinio especulo sobre la naturaleza de la miel: “Al amanecer sale del aire…, aun así, trae consigo el gran placer de su naturaleza celestial”.
En excavaciones realizadas en Egipto, se han descubierto muestras de miel conservadas en vasijas con más de dos mil años de antigüedad. Muchas son las citas bíblicas en donde aparece el néctar dulce de miel. Para nuestros antepasados no solo fue una fuente de dulzura, la miel represento placer y plenitud, así se destaca en obras literaria muy antiguas. Es de hace 4.000 años, una tablilla de barro sumeria en la que se describe al novio como: “dulce como la miel”, las caricias de la novia como: “más sabrosas que la miel”, y su cámara nupcial como:” llena de miel”. En el Cantar de los Cantares, el novio canta: “tus labios esposa mía, gotean como un panal de miel: hay miel y leche bajo tu lengua…”
