
La vid que existía en nuestro entorno, era una vid silvestre, con sus uvas salvajes, y el vino que se obtenía de estas tras la fermentación de su jugo, era un líquido natural, un vino con su sabor, su alcohol, etc., que había que beberlo enseguida, porque si no, fermentaba. Y con estas características, según la Biblia, Noé fue el primer cultivador de viñedos y el primer borracho, así lo cuenta: “Partió con su arca sólo con su familia, cuando terminó el diluvio y la humanidad desapareció, Noé empezó plantado una viña, bebió su vino y se emborrachó…”.
Bendito sea Noé,
que las viñas plantó
para quitar la sed
y alegrar el corazón. (Correas, 200: 518)
